<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345</id><updated>2011-04-21T20:15:07.566-07:00</updated><title type='text'>LA CIRCULACIÓN DE LA SANGRE</title><subtitle type='html'>Traducción de "La circolazione del sangue" de Tiziano Sclavi</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>24</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112807024156936793</id><published>2005-09-30T01:19:00.000-07:00</published><updated>2005-09-30T01:50:41.613-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Tiempo después estaba en el apartamento con mi amigo Gianluigi que, como era medio arquitecto, se ocupaba de las obras. Estábamos tomando medidas cuando entró la vecina del piso de abajo sin llamar (la puerta estaba abierta) y me dijo que tuviera cuidado con el agua, porque ya una vez había ocurrido que... Yo me sentía extrañamente fuerte y le dije, seguro de mí:&lt;br /&gt;- No se preocupe, señora. Ya me lo ha dicho.&lt;br /&gt;- No - continuó ella -. Porque una vez la inquilina anterior se dejó el grifo abierto y se fue de vacaciones, y aquello fue un desastre.&lt;br /&gt;- Ya lo creo - dije riendo bruscamente -. ¿Y por eso me ha metido todo este miedo? ¡De esa forma se habría inundado hasta una cámara blindada!&lt;br /&gt;La vecina se mostró ofendida y se marchó. No mucho después de aquello también mi padre le respondió mal, cuando estaba raspando un muro y ella vino a decirle que la luz (que se había ido en todo el barrio) se había ido porque él estaba dando golpes. La vecina nos retiró el saludo a los dos y no volvió a protestar por nada, pero desde luego siguió urdiendo en la sombra.&lt;br /&gt;Amata cerró los ojos y yo, fingiendo ternura, le dije:&lt;br /&gt;- ¿Duermes? Durmamos. Voy a parar el disco.&lt;br /&gt;Ella sonrió sin abrir los ojos y soltó un gemido infantil de placer. Me levanté y apagué el estéreo. Pero a esas alturas, lo sabía, era demasiado tarde: los gamberros se habían apercibido de mi existencia.&lt;br /&gt;Dos noches después, cuando todavía salía con Amata, escuché en el tercer piso, en el rellano opuesto al de la vecina del agua, las voces altas y vulgares de algunos muchachos tras una puerta sin placa. No había más dudas, tenían el típico acento de los gamberros.&lt;br /&gt;Lentamente mi vida se transformó en un infierno. Los gamberros se multiplicaban a ojos vista y me tenían asediado, fuera donde fuese. Al principio pensaba que un gamberro es joven por definición y por tanto no temía a las personas por encima de una cierta edad. Pero se dieron cuenta y encontraron el modo de envejecer (o de poner de su parte a los viejos). Fui seriamente amenazado, una vez, por un gamberro de al menos sesenta años, que me miró por la calle guiñando y balbuciendo palabras vulgares.&lt;br /&gt;Sólo estaba seguro en la oficina o en casa de mis padres en el pueblo (el hábitat de los gamberros estaba limitado a las grandes ciudades). También en mi casa, en parte, después de haber levantado barricadas. Trasladarme de uno a otro de estos oasis se convirtió en una tortura como atravesar el desierto bajo el sol abrasador. Imaginaba mi probable encuentro con los gamberros: ellos empezarían a burlarse de mí, rodeándome. Yo me reiría con ellos, esperando caerles simpático, pero entre nuestras dos especies no había posibilidad de diálogo y de improviso, siempre riendo, su jefe sacaría un machete y me lo hundiría en la barriga, haciéndome abrir la boca. O irrumpirían en mi casa (en este caso gamberros y zombis tenían muchos puntos en común) y se reirían de mis cosas: mi estéreo, mi televisor con vídeo, mis juegos electrónicos y sobre todo mis libros, objetos de otro planeta, destruyéndolo todo mientras yo lloraba. A menudo dormía con un cuchillo sobre la mesita de noche. Las raras ocasiones en las que emergía del agua negra de mi terror, me engañaba pensando que podría hacerles frente y vencerles: con el cuchillo le abría la garganta a uno y con la Magnum 44 disparaba a otro. El proyectil explosivo le abría un agujero enorme en el pecho, rociándome de sangre. Entonces comenzaba mi venganza: los otros, sorprendidos y ahora asustados, intentaban huir, pero yo los masacraba uno a uno, disparando con una escopeta de caza de cañones recortados. Al final, mi casa estaba tapizada de sangre y pedazos de carne y materia gris, y sobre el suelo yacían los cadáveres mutilados de innumerables gamberros y yo, jadeando y cubierto también de sangre, había vencido.&lt;br /&gt;Una semana después, entrando solo en el portal, me crucé con un gamberro jovencísimo que me miró con una sonrisa impasible. En su mirada de retrasado mental leí la horrible verdad: tienes los días contados, pronto vendremos a cogerte. Subí las escaleras temblando y una vez en casa lloré de rabia y de miedo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112807024156936793?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112807024156936793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112807024156936793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/tiempo-despus-estaba-en-el-apartamento.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112746616665019366</id><published>2005-09-23T01:33:00.000-07:00</published><updated>2005-09-23T02:02:48.513-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Estaba allí sobre la cama en la casa oscura y en lugar de moverme, de entrar sin que me viesen en las casas de todos los que conocía para encontrar a mi asesino, pensaba de nuevo en los gamberros y todavía les tenía miedo.&lt;br /&gt;El Gran Terror de los Gamberros empezó, poco a poco, durante mi relación con una muchacha de nombre Amada. Una vez, mientras salíamos juntos a la escalera, me acordé de golpe del "vecino malvado", como lo había llamado Aldo. Me entró una extraña inquietud y aquella velada estuve distraído, siempre con las orejas tiesas. No sabía si Amata se quedaría allí a dormir: si se fuese, a hora tardía, haría ruido y quizá el vecino malvado saldría a protestar. Si en cambio se quedase, al día siguiente debería bajar con ella, afrontando (para defenderla) no a uno sino a todos los vecinos furiosos.&lt;br /&gt;Hicimos el amor y me olvidé de aquellas estupideces, pero después ella (era casi medianoche) quiso que pusiera un disco. Me había comprado un estéreo potentísimo y muy caro, que tenía siempre al mínimo de sus posibilidades para no molestar. Puse el disco a volumen bajísimo y ella quiso que lo subiese. Lo hice, pero el miedo regresó. Debía después regresar a la cama y abrazarla, acariciarla y besarla, y lo hice, pero la música me parecía cada vez más alta y esperaba de un momento a otro que los vecinos golpeasen la pared o el techo del piso de abajo. En el piso de abajo vivía una vieja solterona que desde el primer día me había obsesionado con su terror al agua. Cada vez que salía o entraba, sea antes sea durante sea después de las obras, ella me detenía en las escaleras, o salía y entraba sin llamar, y me ordenaba que tuviese cerradas las ventanas, porque si llovía el agua entraba y pasaba abajo, como había ocurrido una vez con la inquilina anterior. Una vez estaba en casa de mis padres y se desencadenó un temporal tremendo. Las obras en el apartamento habían comenzado y los albañiles habían quitado ventanas y cierres. Pensé, animado además por mi padre, que torrentes de agua se estaban acumulando en mis dos habitaciones y que ahora el agua se filtraba inexorable al piso de abajo, lloviendo sobre la cara furiosa de la vieja. Tuve un ataque de nervios, me grité con mi padre por no sé qué, después cogí el coche (el suyo, porque el mío tenía el limpiaparabrisas roto) y fui a Milán. Había hecho una decena de kilómetros cuando vi un gatito en medio de la carretera. También él me vio y, en lugar de escapar, se aplanó sobre el asfalto. Debía de tener pocos días de vida. No venían coches en sentido contrario y habría podido rebasarlo por la izquierda y marcharme, pero pensé que el gatito acabaría arrollado por los coches que venían tras de mí a velocidad sostenida. Así que frené de golpe frente al gatito, haciendo escudo con mi coche. El coche que venía inmediatamente detrñas de mí me evitó por un pelo y pude ver al conductor con la cara roja, tocando el claxon y gritándome insultos. El gatito, entre tanto, había decidido apartarse al arcén, entre la hierba. Pero no podía dejarlo ahí, saldría de nuevo y su fin sería cuestión de minutos. Bajé e intenté cogerlo, pero él, aterrorizado, me hundió los dientes en un dedo, causándome un dolor intenso. Busqué por el coche y encontré un viejo abrigo. El gatito se había escondido y me costó un poco encontrarlo, pero al final conseguí envolverlo en el abrigo y lo tiré en el coche con cierta violencia, sobre al asiento de atrás. Sonriendo entré en el coche y me puse de nuevo en movimiento. Estaba muy enfadado con el gatito, que era tan estúpido que no se dejaba salvar, y al mismo tiempo estaba orgulloso de haberlo salvado a pesar de todo, y por lo demás el dedo me dolía horrores. Era agosto y había poco tráfico. Llegué a la ciudad media hora después y aparqué frente al edificio, en la calle desierta. Antes de bajar del coche le eché un vistazo al gatito: estaba muerto, ya rígido. Subí, esperando como siempre no encontrar a nadie y, llegado al apartamento, vi que no había entrado ni una gota de agua.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112746616665019366?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112746616665019366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112746616665019366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/estaba-all-sobre-la-cama-en-la-casa.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112738496743603474</id><published>2005-09-22T03:04:00.000-07:00</published><updated>2005-09-22T03:29:27.443-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Quería esperar a que llegasen los carabinieri, pero la mano toda pegotosa me daba agobio y quería ir a contarles la aventura a mis padres, como si fuese yo el que estuviera suspendido allá arriba. Esa tarde había en la tele un espectáculo de variedades. Alguien había entrado en el bar y había puesto una canción en el juke-box. Hacía bastante calor.&lt;br /&gt;Mamá creyó que era una broma, pero vino igualmente. Papá se puso a reir pero dijo que no podía moverse de la oficina en el Ayuntamiento donde vivíamos. Cuando lo vió, mamá abrió los ojos de par en par como en los sueños, cuando soñaba que moriría pronto. Los carabinieri no llegaron. Probablemente también ellos pensaron que era una broma y no tenían a nadie que los llevase de la mano. Me había olvidado de lavármela y me daba cada vez más agobio. Empezaba a oscurecer cuando los últimos se marcharon. Yo ya no estaba allí desde hacía más de un rato, estaba viendo la tele pensando que luego volvería para ver si seguía allí, pero después sería demasiado tarde. Por la tarde, el bar estaba lleno y el dueño del primer bar, el de la plaza, estaba furioso. Los hombres y mujeres de Buffalora miraban el cuerpo suspendido riendo a veces y sacudiendo la cabeza, a través del ventanal que daba a la calle. A parte de las oscilaciones, no se había movido un milímetro.&lt;br /&gt;- Pero, ¿qué hacemos? Es tarde... ¿lo dejamos ahí?&lt;br /&gt;- Diría que no podemos hacer otra cosa, me parece.&lt;br /&gt;El ingeniero, que había sido el primero en verlo y por tanto la mayor autoridad sobre el fenómeno, fue también el último en marcharse el bar. Sergio bajó el cierre tras él. Empezaba a hacer frío. El ingeniero miró al astronauta y ensayó un saludo avergonzado con la cabeza. El astronauta no respondió y pocos minutos después se quedó sólo.&lt;br /&gt;Ocho años después Anna murió.&lt;br /&gt;Se había separado de su marido y había ido a vivir a casa de su madre con el niño, después de vender la farmacia que tenía en el pueblo. Le había dado una embolia que le dejó paralizada la mitad derecha del cuerpo. Cuando hablaba movía sólo la parte izquierda de los labios. Se había vuelto horrible, su hijo ya crecido la odiaba. Un infarto previsto y esperado lo paró el corazón.&lt;br /&gt;Por primera vez me di cuenta de que podía pensar todavía, y recordar. Y pensar que tantas veces había deseado la muerte para detener mi cerebro, para impedirle para siempre que me hiciera daño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112738496743603474?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112738496743603474'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112738496743603474'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/quera-esperar-que-llegasen-los.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112729226333070039</id><published>2005-09-21T01:26:00.000-07:00</published><updated>2005-09-21T01:44:23.336-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Anna me parecía guapísima. No como las mujeres normales, me parecía guapísima como las divas del cine. Aquella tarde le tocaba venir a nuestra casa, así que era miércoles. Me traía siempre una revista de Tex cuando venía, yo la esperaba por eso. Porque que era guapa lo pienso ahora, entonces quién sabe.&lt;br /&gt;Mamá me preguntó si quería pan y mermelada. Dije que sí, y con la rebanada de pan con mermelada extendida por encima, salí a la calle. Debía andar cerca de ochenta metros para llegar a la plaza del primer bar. Después giraba a la izquierda y un centenar de metros más abajo estaba el segundo bar. Ví a toda aquella gente y el astronauta parecía llevado a hombros. Sergio sostenía la escalera y su hermano la estaba subiendo. Pensé que ensayaban para las fiestas del pueblo: era todo un juego.&lt;br /&gt;Mauro, en mitad de la escalera, tenía la cintura a la altura del astronauta. Lo tocó como con miedo de que le diera la corriente. Después lo empujó y el cuerpo osciló, cada vez más despacio, como si fuese un péndulo, sólo que no estaba atado a nada por encima. Mauró probó a empujarle por la mitad inferior del cuerpo y sucedió lo mismo, como si esta vez el hilo invisible que lo sujetaba estuviese enganchado al casco o a las botas, horizontal.&lt;br /&gt;- Oh - dijo Mauro.&lt;br /&gt;El astronauta no respondió.&lt;br /&gt;Mauro le tocó la cabeza. Comprendió que el casco estaba abrochado alrededor del cuello e intentó desabrocharlo pero no lo consiguió. Su hermano, abajo, dijo que ya no aguantaba más tiempo sujetando la escalera vertical de aquella forma y Mauro bajó. Dejaron la escalera en el suelo. Entre tanto, habían llegado el párroco y el policía. El párroco no dijo nada. El policía dijo que era fundamental bajarlo de allí, que quizá estaba mal. Un muchacho del Valle Scuropasso que había llegado en moto dijo que quizá era un marciano. Se hablaba mucho de platillos volantes entonces, yo había visto un artículo en el "Domenica del Corriere" pero aquello no me parecía un marciano: no era pequeño ni verde, y probablemente no tenía antenas bajo el casco. Me había caído un poco de mermelada por la mano. Llegaba cada vez más gente. El ingeniero, que había desaparecido durante diez minutos, regresó del bar y dijo que había llamado a los carabinieri del pueblo vecino y también a su primo periodista que trabajaba en el periódico de la provincia. Un muchacho al que le brotaban mechones de barba entre los forúnculos soltó una carcajada soñolienta y le tiró una piedra al astronauta, que se limitó a oscilar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112729226333070039?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112729226333070039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112729226333070039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/anna-me-pareca-guapsima.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112720520325601216</id><published>2005-09-20T01:13:00.000-07:00</published><updated>2005-09-20T01:33:23.300-07:00</updated><title type='text'>Sábado 26 de junio de 1982</title><content type='html'>El evento que aconteció una tarde de abril de hace cerca de veinte años en un pueblo llamado Buffalora no tuvo en realidad consecuencias particulares. Se puede decir que no tuvo consecuencias, se puede decir también así.&lt;br /&gt;El sol estaba apenas ligeramente velado, nada más que un poco de niebla, porque aquel pueblo se encontraba y quizá se encuentra todavía en una zona en la que la niebla, pasado el invierno, casi ni se ve, y se llama simplemente neblina. Pero la visibilidad era óptima, ningún peligro de ilusiones ópticas. Y en todo caso, no para tanta gente y durante tanto tiempo.&lt;br /&gt;Un hombre anciano, conocido por todos como "el ingeniero", iba de su casa a uno de los dos bares del pueblo. Había uno en la plaza, en el centro, y otro al fondo de la cuesta, frente a la iglesia. El ingeniero iba al del fondo de la cuesta, frente a la iglesia, a pasitos breves, manteniendo un poco atrás el tronco para equilibrar los avances hacia abajo. De joven la pasaba quizá corriendo, aquella calle, porque es el único modo de pasarla. Pero de viejo, pienso, se encuentra siempre otro modo además del único.&lt;br /&gt;Llegado casi al fondo, más o menos donde, a su derecha, comenzaba el patio de la iglesia, levantó la cabeza y vió un hombre tumbado en el aire, suspendido boca abajo tres metros sobre el asfalto, en medio de la calle. El hombre tenía los brazos extendidos y las piernas ligeramente abiertas, como si flotase en el agua de una piscina, mirando al fondo.&lt;br /&gt;Sin embargo el ingeniero no podía determinar a dónde miraba, porque la cabeza estaba completamente cubierta por un casco con una visera de cristal reflectante. Y el cuerpo estaba envuelto en una especie de pijama que parecía relleno de aire. Los pies calzaban botas plateadas, con gruesas suelas de metal. Llevaba, en resumen, lo que muchos años después todo el mundo habría reconocido como un traje de astronauta.&lt;br /&gt;En aquel momento, el ingeniero no encontró nada mejor con que compararlo que un casco de apicultor. Eso lo dijo después, porque allí al fondo de la cuesta, en la calle desierta, a las cuatro de la tarde, con aquella cosa flotante sobre su cabeza, abrió simplemente la boca, pero no dijo nada.&lt;br /&gt;Trastablillando, llegó al bar. Poco después, había una pequeña multitud mirando al astronauta, que oscilaba dulcemente cuando soplaba un poco de aire.&lt;br /&gt;- Que alguien vaya a buscar una escalera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112720520325601216?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112720520325601216'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112720520325601216'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/sbado-26-de-junio-de-1982.html' title='Sábado 26 de junio de 1982'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112720394315326105</id><published>2005-09-20T00:51:00.000-07:00</published><updated>2005-09-20T01:12:23.160-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Obtuve el Nobel de Física gracias a mis estudios sobre la oscuridad densa, y el de Literatura gracias a los libros que todavía estaban por escribir. En el campo de la ciencia, aunque los medios se hiciesen eco, mi juventud no era una cosa extraordinaria. En 1915, con veinticinco años, William Lawrence Bragg, inglés, tuvo el mismo reconocimiento por la Física junto a su padre William Henry Bragg, por sus estudios sobre la estructura de los cristales. Tanto Bragg como Theodore William Richards, que se llevó el premio de Química en 1914, habían completado sus trabajos a la edad de veintitrés años. Por la literatura, sin embargo, gané de largo a Joseph Rudyard Kipling, hasta entonces el premio Nobel más joven, habiéndole sido concedido en 1907 a la edad de cuarenta y un años. La única persona que había conseguido, anteriormente, ganar dos premios Nobel era el doctor Linus Carl Pauling, de Química en 1954 y de la Paz en 1962. También Marie Curie y John Bardeen obtuvieron dos premios, pero compartiéndolos al menos una vez con otros vencedores.&lt;br /&gt;El periodo más largo de coma profundo lo vivió Elaine Esposito (nacida el 3 de diciembre de 1934), de Jarpon Springs, Florida, Estados Unidos. La niña, operada de apendicitis el 6 de agosto de 1941 a la edad de seis años, no volvió en sí y murió el 25 de noviembre de 1978, con cuarenta y tres años y trescientos cincuenta y siete días, después de un coma de treinta y siete años y ciento once días.&lt;br /&gt;Las pulsaciones normales de un adulto de sexo masculino en reposo tienen una frecuencia de entre setenta y setenta y dos por minuto y de entre setenta y ocho y ochenta y dos en un adulto de sexo femenino. Las pulsaciones alcanzan o superan las doscientas por minuto durante esfuerzos violentos, y pueden descender a doce en casos extremos.&lt;br /&gt;La mía era una generación que moría. A intervalos casi regulares leía en los periódicos que alguien que conocía, a menudo compañeros de instituto, habían muerto por drogas o en un tiroteo con la policía, o suicidados con los métodos más estrambóticos. Uno en particular quería dárselas de rompecorazones, como en las novelas del siglo XVIII, y por ello masacró a golpes de martillo, después de haberla violado, a su madre en abril de 1978. Expiró en la cárcel, antes del juicio, sin que los perplejos médicos pudiesen hacer nada.&lt;br /&gt;Me olvidaba: entre las cosas que quería hacer antes de morir también estaba ésta: atravesar un agujero negro. ¿Qué habría visto? ¿Qué habría ocurrido? Lo contaré en otra ocasión. Ahora es tarde, &lt;em&gt;Die sieben Worte - Lukas Passion&lt;/em&gt; de Heinrich Schütz ha llegado casi al final de la primera parte, el sábado está a punto de marcharse y yo estoy cansado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112720394315326105?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112720394315326105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112720394315326105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/obtuve-el-nobel-de-fsica-gracias-mis.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112711481724399807</id><published>2005-09-19T00:13:00.000-07:00</published><updated>2005-09-19T00:26:58.333-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Muchos meses después, cuando mis necesidades fisiológicas regresaron a la normalidad y ya no pensaba casi en aquella muchacha, sonó el teléfono y fui a responder. Del otro lado colgaron. Podían ser ladrones o gamberros controlando si estaba en casa, y me quedé preocupado. Pero poco después pensé que quizá fuera ella, aunque sabía que no era así. Cogí un papel y escribí: "Quienquiera que seas, gracias".&lt;br /&gt;Al día siguiente compré un semanal en el que aparecía el siguiente artículo: "Un embarazo regular, un parto fácil y un precioso niño de tres kilos y medio. Los ginecólogos del hospital de Boston no habían visto muchas maternidades tan bien conseguidas. Después, de improviso, el descubrimiento. En la parte trasera del recién nacido, a la altura del coxis, un centímetro y medio a la derecha de la columna vertebral, despuntaba una extraña excrecencia carnosa: un apéndice de más de cinco centímetros de largo, de consistencia fibrosa y recubierto de tejido epidérmico normal. En resumen, una cola. En menos de una semana la noticia de que en Boston había nacido un niño con cola ha dado la vuelta al mundo, conquistando a menudo la primera plana de los periódicos, causando estupor y repulsión por doquier. Pero la reacción, han comentado los científicos, ha sido desproporcionada. Malformaciones de este tipo, aunque raras, se han estudiado muchas. Y ni siquiera son graves: al niño de Boston le quitaron la cola al día siguiente con una pequeña operación quirúrgica sin la menor consecuencia".&lt;br /&gt;Pero sí había una consecuencia. Cuando el niño se hiciese mayor se enteraría de que había nacido con cola, y probablemente denunciaría al hospital de Boston por habérsela quitado.&lt;br /&gt;A mi amigo Marco, medico e investigador científico para una compañía farmacéutica, le enseñé las fotos de algunos monstruos. Él dijo:&lt;br /&gt;- Son imágenes de hace muchos años. Hoy los mataríamos.&lt;br /&gt;- ¿Quieres decir que los mataríais cuando nacieran? - pregunté yo.&lt;br /&gt;- No - dijo -. Les impediríamos nacer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112711481724399807?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112711481724399807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112711481724399807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/muchos-meses-despus-cuando-mis.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112677055644667263</id><published>2005-09-15T00:27:00.000-07:00</published><updated>2005-09-15T02:30:57.396-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Me encontraría a Federico por la calle y, después de unos cuantos minutos, cuando él estuviese ya muy lejos, escucharía en el aire:&lt;br /&gt;- Hola, ¿cómo estás?&lt;br /&gt;Federico habría llegado ya a casa o a donde quiera que fuese antes de oir:&lt;br /&gt;- Bien, gracias, ¿y tú?&lt;br /&gt;No habría necesidad de responder.&lt;br /&gt;Cogí para la ocasión una pistola de la mesita de noche. Las que tenía en el pasillo o, mejor todavía, la que tenía en el salón eran sin duda más potentes, pero no me quedaba valor para moverme.&lt;br /&gt;Por toda la larga, larguísima noche densa, permanecí quieto, de pie, con el oído alerta y la pistola apuntando a la nada. Cuando la luz del amanecer, tres horas y media después de haber amanecido, alcanzó la habitación y toda la casa, miré por todas partes y después llamé a la policía. El comisario Straniero me interrogó exhaustivamente, sospechándome responsable del delito, pero cuando yo apunté a las deficiencias del servicio SOD optó por archivar el caso como homicidio de autor desconocido.&lt;br /&gt;Llegó otra tarde y yo, como me ocurría en vida, estaba triste por no saber qué pensar. Di un vuelo a la capilla ardiente, que estaba finalmente ocupada por su legítimo propietario, mi cadáver. Regresé a la ciudad y fui una vez más a mi casa, a tenderme sobre la cama. Probablemente mis padres venderían aquella casa, y harían bien porque estaba embrujada. Durante los chaparrones fuertes llovía desde el techo del cuarto de baño.&lt;br /&gt;Miré el teléfono. Había tenido una vez una historia de amor con una muchacha que después me había dejado, probablemente por buenos motivos. Paralelamente a esta historia de amor la interminable epopeya judicial entre el Ayuntamiento de Milán (que quería derribar mi cuarto de baño) y yo había alcanzado sus extremos más ásperos. La muchacha me dejó dos días antes de Navidad, y yo me encontré con un puñado de regalos para reciclar. Por fortuna no había comprado camisas de seda, porque las visto en muy raras ocasiones. En Año nuevo llegó el rechazo de mi petición de clemencia por haber construido abusivamente el cuarto de baño (había sido ya condenado a pagar una multa). Dos meses después el teléfono comenzó a sonar. Yo iba a responder, pero colgaban del otro extremo y sospeché que fuese aquella muchacha, que no tenía valor para hablarme y usaba aquella treta para forzarme a llamarla. Pero no podía estar seguro de que fuese realmente ella. Si se hubiera tratado simplemente de un contacto en la linea y yo la hubiese llamado, y le hubiese dicho:&lt;br /&gt;- ¿Eras tú la que llamaba?&lt;br /&gt;y ellá me hubiera respondido:&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;¿cómo me habría sentido?&lt;br /&gt;Se lo dije a mi amigo Marco.&lt;br /&gt;- ¿Y se fuese ella? - le dije.&lt;br /&gt;Él negó con la cabeza y dijo:&lt;br /&gt;- No, es uno que se equivoca de número.&lt;br /&gt;Un sábado llegó la enésima llamada silenciosa y yo, una hora después, la llamé. Era ella. Quedamos y todo empezó de nuevo. Gocé de las siete maravillas y el cielo se abrió y los ángeles cantaron el &lt;em&gt;Gloria&lt;/em&gt; para mí. El sábado siguiente la muchacha me dejó por segunda vez y definitivamente. Yo me emborraché y vomité en el estudio de Federico, que me decía:&lt;br /&gt;- Has tenido suerte. Imagina que te hubiese pasado después de seis meses.&lt;br /&gt;El martes llegó la orden perentoria de demolición del cuarto de baño en el plazo de cuarenta y cinco días. A partir de ahí, cada vez que meaba o cagaba en mi retrete moribundo no podía por menos que pensar en aquella muchacha. A veces me excitaba y debía masturbarme. Decidí dejar que el cuarto de baño fuese demolido. Muchos de mis amigos periodistas me aseguraron su presencia en el acontecimiento, que también sería reseñado por un equipo del telediario. Pero cuando quedaban tres días para que se cumpliera el plazo me apiadé del Ayuntamiento de Milán y me dirigí a un abogado que, en tiempo récord, presentó recurso al jefe de Estado y al Tribunal Administrativo regional.&lt;br /&gt;Había sido uno de mis vecinos del edificio quien me había denunciado a la policía el mismo día que comenzaron las obras (abusivas). Nunca descubrí quién era, pero contratando numerosos indicios concluí que debía de tratarse de una conjura de todos los vecinos. Volviendo a la tarde, después del trabajo, rezaba por que no hubiese nadie en la escalera y brincaba de terror si por casualidad una puerta se abría. Cuando finalmente, superados peligros sin cuento, alcanzaba mi apartamento, me refugiaba dentro y procuraba no hacer ruido, para no molestar a nadie. Solía meterme en la cama casi inmediatamente, a las siete y media o a las ocho. Una vez dije, llorando en la oscuridad todavía incompleta:&lt;br /&gt;- ¿Veis? No hago ningún ruido, ya estoy en la cama. No me hagais daño, os lo ruego.&lt;br /&gt;Aquella misma noche soñé que hordas de zombis asaltaban la casa de mis padres, donde estaba durmiendo. Lentamente destrozaban la puerta y mientras un grupo se ocupaba de devorar a mordiscos a mi padre y mi madre, otro grupo entraba en mi habitación. Yo los mantenía a raya y me tiraba por la ventana del segundo piso, aterrizando sobre un lecho de flores. Me dolía una pierna, pero no estaba rota, o al menos podía no estarlo. El patio estaba totalmente invadido por los zombis, pero conseguí llegar a la calle sin que me mordieran. La calle, toda la ciudad, el mundo entero era presa de los muertos vivientes. No sé cómo, me encontré en Milán, asediado junto a algunos jóvenes en un edificio desconocido que se parecía a la redacción de la editorial donde trabajaba. Era, probablemente, el último baluarte de los vivos murientes. Un zombi consiguió entrar y yo, con una escopeta de caza de cañones recortados, le disparé a la cabeza. Cayó y lo rematé con otro disparo dirigido a la sien. Los muchachos estaban contentos conmigo, pero también vagamente preocupados. Vi después a dos de ellos que, sin decirme nada, estaban ocupados en una extraña operación: estaban vaciando las cápsulas detonantes de armas de juguete y recogían cuidadosamente la pólvora. Comprendí entonces la horrible verdad. No teníamos municiones y yo había desperdiciado dos proyectiles artesanales para matar a un asaltante. Pero los muchachos se portaron bien conmigo, no me lo tuvieron en cuenta. Entre ellos estaba también Pinuccia, que había vuelto de Venezuela. En un momento dado, los muchachos le dieron un hatillo de revistas, y ella se mostró contenta. Era su cumpleaños, y ellos habían corrido el riesgo mortal de salir al quiosco vecino para hacerle aquel pequeño gran regalo. Pero yo no sabía que fuese su cumpleaños, no tenía nada para ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112677055644667263?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112677055644667263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112677055644667263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/me-encontrara-federico-por-la-calle-y.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112668416236308411</id><published>2005-09-14T00:09:00.000-07:00</published><updated>2005-09-14T00:49:22.390-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Nadie sabía dar una explicación fiable a la oscuridad densa. Los diversos tratados sobre el tema describían más que explicar, hablaban de la destrucción de la capa de ozono y de los efectos impredecibles que se derivaban de ello. Alguien, en los periódicos, citaba una vieja novela de ciencia ficción titulada &lt;em&gt;Universo de locos&lt;/em&gt;: la oscuridad densa se parecía de forma impresionante a la niebla total.&lt;br /&gt;Aquel, me parece, era el décimo cuarto año de oscuridad densa. Nos habíamos acostumbrado. Sabíamos que el sol salía a las séis, pero no nos sorprendía ya ver su luz a las nueve, si no más tarde.&lt;br /&gt;Una noché de oscuridad densa, es decir, a las tres de la tarde, oí en mi casa el rugido de un oso. Encendí la luz y diez minutos después exploré con la mirada el salón vacío. Me había levantado de la cama y había llegado hasta allí a trompicones a través del pasillo, porque el rugido me parecía venir de allí, pero pensándolo mejor concluí que estaba mucho más próximo, al lado de la cama por el lado opuesto al que dormía yo. Regresé tanteando al cuarto. Antes incluso de que tocase el interruptor, la oscuridad densa, adivinando mis intenciones, había empezado a acosar a la luz, y en la fracción de segundo que duró el movimiento de mi mano había invadido ya el salón en todos sus recovecos. Debía sin embargo marcharse del dormitorio, y reveló al principio un breve brillo, un resplandor. Era el reflejo de la luz más resistente sobre la sangre de mi mujer (o de mi madre, no me acuerdo bien) que empapaba la sábana. El oso la había devorado dejándola reducida a jirones de carne.&lt;br /&gt;Permanecí inmóvil durante largo rato en el umbral, y después decidí escapar. Pero usar el coche era imposible en la oscuridad densa. Incluso parado, los faros empleaban al menos dos minutos en iluminar cinco o séis metros de carretera. En movimiento, podría recorrer dos kilómetros y los séis metros de visibilidad se habrían quedado dos kilómetros atrás.&lt;br /&gt;Y escapar a pie, por otro lado, era como ser ciego. Me podría salir bien quizá hasta el pueblo más cercano, había recorrido esa carretera tantas veces que podía hacerla con los ojos cerrados, pero más allá de ahí no. Telefonear al SOD habría dado el mismo resultado que beberme una ginebra con Coca Cola. De hacía mucho tiempo el teléfono de Socorro Oscuridad Densa daba señal de comunicando, no porque las llamadas fueran muchas sino porque el receptor estaba desconectado. Nadie, por otra parte, lo había lamentado: los peligros eran prácticamente nulos en la oscuridad densa, llamaba únicamente algún niño por miedo a la oscuridad.&lt;br /&gt;Opté por quedarme allí y esperar al oso. No había vuelto a oír el rugido, pero sabía que estaba allí. Lo comparé con la luz y acuñé un neologismo: el silencio denso. Tarde o temprano, también aquello ocurriría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112668416236308411?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112668416236308411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112668416236308411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/nadie-saba-dar-una-explicacin-fiable.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112659556105957508</id><published>2005-09-13T00:10:00.000-07:00</published><updated>2005-09-13T00:22:57.323-07:00</updated><title type='text'>Sábado 19 de junio de 1982</title><content type='html'>Gané el Nobel de física en 1977, a la edad de veinticuatro años, y el de literatura en el 79, con veintiséis.&lt;br /&gt;Cuando volví de Estocolmo la primera vez salí de la estación de la pequeña ciudad de provincias en la que todavía vivía con mis padres. Me sentía, naturalmente, muy alegre, y no cogí un taxi, prefieriendo ir a pie. Por la calle había mucha gente que se reía de mí.&lt;br /&gt;Penetré en la oscuridad, enfurecido.&lt;br /&gt;(&lt;em&gt;Pausa&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;Nos movíamos en la oscuridad absoluta.&lt;br /&gt;- ¿Me oyes?&lt;br /&gt;- Oigo tu voz, pero no te oigo a tí. Una respuesta más simple habría sido: sí, te oigo.&lt;br /&gt;Eso era lo bueno, la oscuridad éramos nosotros.&lt;br /&gt;Cuando entramos en la casa y ella apretó el interruptor, la luz como siempre pareció llegar de un lugar muy lejano. La oscuridad densa ralentizaba su velocidad, asesinaba a Einstein. La bombilla desnuda que pendía del techo en mitad de la habitación era una estrella lejana, Casiopea.&lt;br /&gt;La oscuridad densa opuso resistencia, pero sus últimas hebras salieron por la ventana diez minutos después. De haber tenido una bombilla de cien watios en lugar de cuarenta nos habría llevado mucho menos, entre tres y cuatro minutos. Mi recuerdo de aquella noche, mi recuerdo confuso, tiene cuarenta watios: se va lento, pero se va.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112659556105957508?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112659556105957508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112659556105957508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/sbado-19-de-junio-de-1982.html' title='Sábado 19 de junio de 1982'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112651487622150967</id><published>2005-09-12T01:29:00.000-07:00</published><updated>2005-09-12T01:47:56.226-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Ahora que tenía tiempo, tanto tiempo para leer, no podía ni tocar un libro.&lt;br /&gt;Aquella casa. Aquella casa me había odiado siempre, como yo la había odiado a ella. Había entendido de inmediato, aquel día de lluvia que la vi junto al untuoso agente inmobiliario y mi padre, que era una casa embrujada. El apartamento estaba en condiciones horribles, pero mi padre dijo que era bonito y que estaría perfecto con unas pocas reformas. Dos días después firmé el contrato. En posesión de las llaves, olvidé mi mala impresión inicial y, contento, fuí a verla de nuevo en compañía de mi amigo Aldo. Recordaba perfectamente la calle y el número: 3. Pero el portal del número 3 me parecía más gastado, y la llave no entraba. Fui presa del pánico, mientras Aldo reía y me decía que probablemente me había equivocado de número. No era posible. Sospeché que se tratase de un timo, y quería telefonear inmediatamente a la agencia. Probablemente me respondería, como en los relatos de misterio, una perpleja voz de mujer:&lt;br /&gt;- ¿Agencia inmobiliaria? No entiendo. Esto es, desde hace veinte años, una floristería...&lt;br /&gt;El bar, en la misma calle, estaba demasiado lejos y tenía miedo de que fuese frecuentado por gamberros. Entré en la droguería vecina al número 3 y pregunté al propietario si me permitía telefonear. Me miró con extrañeza, pero consintió. Nadie respondía en el número de la agencia. Me di ánimos, dado que no tenía nada que perder, y le dije al de la droguería:&lt;br /&gt;- Perdone, he comprado un apartamento en el número 3 de esta calle y tengo aquí las llaves, pero ninguna abre el portal.&lt;br /&gt;- El portal del número 3 está cerrado - respondió -, no hay nada allí - y yo me sentí desvanecer.&lt;br /&gt;- No es posible, yo he entrado, he visto el apartamento...&lt;br /&gt;- El 3 está cerrado. Siempre ha estado cerrado - repitió.&lt;br /&gt;Aldo me miraba sonriendo.&lt;br /&gt;El de la droguería añadió:&lt;br /&gt;- Habrá sido en el número 5.&lt;br /&gt;- No. El 3, estoy seguro.&lt;br /&gt;- El 3 está cerrado. Pruebe en el 5, a ver qué pasa.&lt;br /&gt;Salimos de la droguería, después de haber dado las gracias, y yo vivía una pesadilla. Aldo le quitaba dramatismo a la cosa:&lt;br /&gt;- Está claro que te has equivocado. Prueba en el 5, venga...&lt;br /&gt;- Pero no, Aldo, ¡te digo que era el 3!&lt;br /&gt;- Bueno, llama a la agencia cuando haya alguien y que te expliquen. Ahora prueba en el 5.&lt;br /&gt;Alucinado, sin la mínima esperanza de salir de aquel enigma, probé las llaves en el portal del número 5.&lt;br /&gt;- No, ¿ves? No entran... no...&lt;br /&gt;La última llave entró. Nos encontramos en el portal que había visto pocos días atrás.&lt;br /&gt;- ¿Has visto? - dijo Aldo -. Mira que eres cretino.&lt;br /&gt;Subimos las escaleras. En una de las plantas había un hombre corpulento que aporreaba una puerta con los puños, gruñendo.&lt;br /&gt;- El vecino malvado - murmuró Aldo.&lt;br /&gt;Nos cruzamos después en las escaleras con una vieja muy vieja que no se dignó ni a mirar a Aldo y sin embargo se fijó en mí por un instante con maldad.&lt;br /&gt;Nunca he conseguido, a pesar de todos los esfuerzos, abrir los ojos bajo el agua.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112651487622150967?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112651487622150967'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112651487622150967'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/ahora-que-tena-tiempo-tanto-tiempo.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112642985332768864</id><published>2005-09-11T01:48:00.000-07:00</published><updated>2005-09-11T02:10:53.380-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Me fui a la cama, una vez, con una muchacha a la que amaba sin ser correspondido. Aunque la cosa me pareciese increíble, ella sentía por mí únicamente atracción física. Tras el acto sexual le acaricié la cara y un pedazo de carne se le desprendió de la mejilla y se me quedó en la mano. No sangraba, parecía un trozo de hamburguesa. Dije:&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;Ella sonrió, cogió su pedazo de mejilla y se lo puso de nuevo en su sitio, sin conseguir ajustarlo con precisión, de forma que parecía herida.&lt;br /&gt;- Tendré que retocarme el maquillaje - dijo.&lt;br /&gt;- Pero... pero qué... - balbucí yo.&lt;br /&gt;Ella mi miró con ternura y me acarició a su vez.&lt;br /&gt;- Oh... - dijo -. ¿Ha sido la primera vez? ¿No sabías que somos retornantes, muertos vivientes? Yo morí en 1935, cuando tenía veinte años. Lo quise yo, para ser siempre joven. Otras no tuvieron el valor y lo pospusieron hasta que se encontraron viejas y arrugadas. Aun así, incluso ellas están muertas, nacieron así del vientre de su madre.&lt;br /&gt;La miraba con los ojos como platos. Posaba mi mirada a ratos en sus ojos, a ratos en sus senos.&lt;br /&gt;- ¿Es posible que tu mamá nunca te haya dicho nada? - siguió riendo, no por burlarse de mí, sino porque mi ingenuidad le agradaba.&lt;br /&gt;- Es de la muerte que nace la vida. Por eso pueden crecer niños en el vientre de las mujeres. Pequeñín... no pongas esa cara... No es culpa tuya que no sepas certas cosas. Has estado muy bien a pesar de todo...&lt;br /&gt;Me besó. Volvió junto a mí y comenzó a tocarme de nuevo.&lt;br /&gt;- No te pongas triste, te lo ruego, no te pongas triste. Yo te quiero, ya lo sabes...&lt;br /&gt;Cogió mi brazo izquierdo y se lo pasó alrededor de la espalda, para que yo la abrazase. Mi brazo derecho estaba bajo su cuerpo y un fastidioso hormigueo empezaba a recorrerlo. Cuando me susurró&lt;br /&gt;- Hagámoslo de nuevo&lt;br /&gt;consentí, en realidad para liberar el brazo derecho y restablecer la correcta circulación de la sangre.&lt;br /&gt;A pesar del horror que me colmaba el cerebro la amé con más pasión que antes, quizá justamente por ese horror.&lt;br /&gt;Se durmió abrazada a mí, mientras llovía fuera. Si hay algo que detesto es dormir con algo o alguien abrazado encima. Fingí dormir también yo. Imité la respiración del sueño profundo y esperé la suya. Cuando llegó, me separé simulando un movimiento inconsciente, de forma que no se ofendiese. No se ofendió, y sin dejar de dormir se giró hacia el otro lado. Cogí el sueño una hora más tarde (eran ya las tres de la madrugada) pensando en los problemas que encontraría al despertar: tenía que ir a la oficina a las nueve, y ya preveía un día con los ojos ardiendo y la mente confusa, en tanto ella no tenía trabajo. No aceptaría, ya lo sabía, continuar durmiendo y pasar después por la oficina a darme las llaves de casa (se lo propondría, pero sin mucha convicción, por lo demás: ¿y si se dejaba abierto el gas después de prepararse un té?). Se levantaría a disgusto, decidiendo con los ojos todavía cerrados que nunca más se quedaría a dormir en mi casa. En cualquier caso, era esencial que yo fuese al servicio antes.&lt;br /&gt;Llegaba, rápidamente, otra noche. Me fui a casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112642985332768864?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112642985332768864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112642985332768864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/me-fui-la-cama-una-vez-con-una.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112634685947352183</id><published>2005-09-10T02:00:00.000-07:00</published><updated>2005-09-10T03:07:39.570-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Permanecí sólo conmigo mismo por un rato.&lt;br /&gt;- Bonito día, ¿verdad? - dije sonriendo -. Tú gran jefe indio. Tú muerto en día muy bueno para morir. Tú muerto en batalla. Tu ahora cabalga al lado de Kiki Manitú, tu caza bisontes, tu come cosas muy buenas y monta a tu mujer y ríe con ella, arriba en los pastos del cielo.&lt;br /&gt;Entró alguien y, asustado, dejé de hablar, como si alguien hubiese podido oirme. Uno era claramente el médico, el anatónomo-patólogo, un viejecillo simpático de bigotes blancos y escasos cabellos. Llevaba una camisa verde y un delantal de lino. Otros dos eran ayudantes y llevaban sólo el delantal de lino sobre ropas normales (probablemente de trabajo). El anatónomo-patólogo llevaba guantes de goma, para no infectarse. Echó un vistazo al cadáver e hizo una mueca que me pareció de asco. No me resultó demasiado simpático. Un ayudante acercó un carrito lleno de instrumentos a la mesa y el anatónomo-patólogo comenzó. No empezó por el cerebro, sino que hizo el habitual corte ipsilon: con un cuchillo practicó una incisión en los lados exteriores del cuello y desde allí descendió, girando alrededor del ombligo, hasta el pubis. Después introdujo el cuchillo, llamado "cortante", en la incisión y separó la piel tirando de ella al mismo tiempo, como había visto hacer al carnicero taciturno y terrorífico, en el pueblo, cuando mi madre me mandaba a hacer la compra. Diez minutos después la piel pendía de un lado yotro del cadáver como una camisa desabrochada. El anatónomo-patólogo cogió el cuchillo de trinchar que el ayudante le tendía y con el cortó los lados exteriores. La caja torácica se abrió de golpe, como una caja sorpresa. El anatónomo-patólogo cogió un cortante más pequeño y se adentró en mi cuerpo. Poco después levantó como un trofeo el paquete torácico, tráquea y pulmones y otras cosas variadas, y las puso sobre la bandeja de desayuno. Cogió una espátula y comenzó después a raspar los órganos. De ahí extrajo muestras y las examinó en el microscopio. En seguida pasó al abdomen. Todas las vísceras de mi cuerpo se encontraban ahora sobre la bandeja. Cada tanto, el anatónomo-patólogo murmuraba alguna cosa para sí. Al fin, con una sierra eléctrica, después de haber separado mi cuero cabelludo, me abrió el cráneo y extrajo el cerebro. Apartando los otros órganos inoportunos que ocupaban la bandeja, lo puso allí y lo seccionó. Encontró la bala, la cogió con unas pinzas y el ayudante la puso en una bolsita de plástico. El otro ayudante cogió la bolsita y salió. Seccionando el cerebro, el anatónomo-patólogo encontró un sueño extraordinariamente todavía intacto. El sueño era éste:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Volvía a casa de mis padres, en el pueblo, y empezaba a ordenar mi habitación, que era más pequeña, tenía el suelo de parquet y una gran vidriera que dejaba entrar una gran luz. Casi había acabado de ordenar pero llegó nuestro perro, que normalmente tendría que haber estado encerrado en el cuarto de baño, y antes de que pudiese encerrarlo se puso a girar por todas partes y a toda velocidad, oliendo cada objeto. En una esquina, levantó la pata y orinó varios litros sobre el parquet. Llamé a mamá, y después, enfadado, grité mamá, cerda, pero estaba tan rabioso que los gritos me salían en falsete. El perro seguía meando y yo corrí, encontré a mi madre sentada en el pasillo, bajo el umbral del cuarto de baño abierto. Tenía la cabeza baja, quizá estaba cosiendo. Me pareció llena de rencor, triste y escuálida. Yo estaba fuera de mí y seguía gritando en falsete "cerdo" y cerda, dije:&lt;br /&gt;- Pero, ¿no has oído que te llamaba?&lt;br /&gt;- Sí - dijo ella -, sí, te he oído, pero creía que me llamabas para hablarme de otro de tus éxitos y no quiero oír más, porque cada uno de tus éxitos te aleja más de mí.&lt;br /&gt;Me enfadé todavía más, no tenía palabras para explicar la injusticia y la enormidad de lo que estaba diciendo, conseguí sólo decirle:&lt;br /&gt;- Con esto has puesto la palabra fin, me voy y no volveré más.&lt;br /&gt;Recogí mis cosas y me fui. Pero cuando llegué a la ciudad vagabundeé largo tiempo para no ir a casa, porque tenía miedo y sabía que me encontraría solo. Me entretuve en casa de unos amigos, en las afueras, en un piso pequeño-burgués de uno de esos grandes edificios. Quería tener a alguien cerca. Me quedé allí un poco, luego me fui a una fiesta en una casa de ricos. También estaba mi director. Llegado a un punto, cogió una bandeja con montones de cosas para comer y dijo:&lt;br /&gt;- Yo y Dino nos vamos a dormir.&lt;br /&gt;Eran las dos. Verdaderamente, yo me habría quedado allí, pero lo tomé como una prueba de amistad, como un deseo por su parte de tener un cómplice. Le seguí, y estábamos a punto de entrar en nuestra habitación pero vio a un camarero que llevaba otra bandeja con aperitivos y canapés.&lt;br /&gt;- ¡Oh, los aperitivos! - dijo.&lt;br /&gt;Quería volver a la sala para recogerlos, pero yo había visto de dónde venía el camarero, abrí un armario y encontré la provisión de aperitivos. Él cogió unos cuantos, yo, sin embargo, reparé en los canapés de gelatina y, a escondidas, me comí uno metiéndomelo entero en la boca. Después estaba en nuestra habitación (el director se encontraba probablemente en el servicio) y la observaba: era en realidad un apartamento pequeño pero mucho más grande que el mío. Quizá podría alquilarlo, allí los chorizos no me encontrarían, quizá..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sueño, al contacto con el aire, se desintegró en las manos del anatónomo-patólogo, que parecía perplejo. Su trabajo, en todo caso, había terminado. Desordenadamente, devolvieron todos los órganos al interior del cadáver, y el ayudante echaba dentro al tiempo puñados de serrín para que absorbiesen los residuos de humores de forma que no se filtrasen luego hasta la sábana, causando una cierta repugnancia. El anatónomo-patólogo se quitó los guantes y el delantal y se marchó, llevando consigo los numerosos apuntes que había tomado. El ayudante remendó el cadáver con una aguja retorcida de tapicero, después lo lavó con una bomba. El agua sucia se acumulaba en el desnivel y acababa en el recipiente, donde formaba espuma, se arremolinaba y se precipitaba por el desagüe gorgoteando. Mi vistieron, al final, con un traje oscuro, bastante elegante. Fui depositado, con dulzura, en un ataud metálico, y me llevaron de allí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112634685947352183?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112634685947352183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112634685947352183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/permanec-slo-conmigo-mismo-por-un-rato.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112625217784001182</id><published>2005-09-09T00:09:00.000-07:00</published><updated>2005-09-09T00:49:38.043-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Es difícil, para quien nunca la ha experimentado, imaginar cuán aburrida puede ser la muerte. Para matar la eternidad, fui a la policía a ver cómo procedían las indagaciones. No procedían. En aquellos días las fuerzas del orden estaban totalmente empeñadas en la caza de algunos terroristas, a consecuencia de un atentado que había costado la vida a dieciocho personas. Nadie, con seguridad, se habría fijado en aquella necrológica, y nadie habría pensado que pudiera tratarse de una pista.&lt;br /&gt;A grandes saltos, alcancé la ciudad vecina, donde vivían los míos y donde probablemente mi cadáver había sido dispuesto en una capilla ardiente. Suponiendo que la capilla ardiente sería mi habitación de cuando era pequeño, fui directamente allí. En efecto, estaban el ataud y las velas, pero estaban apagadas y el ataud vacío. Me asusté.&lt;br /&gt;Fui al salón, donde mi padre y mi madre estaban sentados, exhaustos. Mi padre había retomado el tabaco y fumaba un cigarrillo tras otro. Escuché el siguiente coloquio:&lt;br /&gt;- ¿Cuánto... cuánto ha costado la caja?&lt;br /&gt;- Quería una cosa simple. He entrado y el empleado de las pompas fúnebres ha empezado a enseñarme una caja diciendo que era estilo no sé qué y que costaba cuatrocientasmil liras. Le he dicho que no me gustaba y él me ha enseñado otra, toda llena de remates de oro y plata: costaba seiscientasmil liras y era de otro estilo. Le he dicho que quería una cosa muy sencilla: "¿No tiene nada más simple?", le pregunté. Él se ha mostrado perplejo y me ha respondido: "Bueno, sí, pero en ese caso superamos el millón"...&lt;br /&gt;Comprendí que los dos hablaban para no pensar y darse ánimos, pero no pude por menos que recordar que el ataud que había visto en la otra habitación era puro estilo imperio. Pensé también que el pronombre personal "yo" era parcial e inadecuado a la curiosa división del mundo en dos sexos. Una mujer debería decir "ya" para distinguirse de un hombre.&lt;br /&gt;Mi padre se levantó.&lt;br /&gt;- ¿Dónde vas?&lt;br /&gt;- Voy a telefonear al hospital de Milán, a ver qué dicen.&lt;br /&gt;- He llamado yo hace poco. Me han dich que se la hacen a las once.&lt;br /&gt;Mi padre se quedó un rato avergonzado, después volvió a sentarse y encendió otro cigarrillo. ¿Le hacen qué? Mi cadáver no estaba en la capilla ardiente... el hospital... ¡la autopsia! Por supuesto, es obligatoria en los casos de muerte violenta. Las once. Tenía poco tiempo para regresar a Milán y encontrar el lugar donde se llevaría a cabo, pero tenía que intentarlo. Por nada del mundo habría querido perderme el espectáculo.&lt;br /&gt;Volé a toda prisa, lleno de esperanza, mientras mi madre decía:&lt;br /&gt;- Ha llamado una amiga suya para darnos el pésame. Me ha dicho el nombre, pero no lo he oído bien.&lt;br /&gt;Veía la tierra correr debajo de mí, los campos, los prados, los árboles. Me sentía feliz.&lt;br /&gt;La autopsia se llevó a cabo en realidad no en un hospital, sino en el Instituto de medicina legal. Cuando llegué, mi cuerpo estaba ya tendido sobre una mesa de acero ligeramente inclinada por la parte de los pies. En mitad de la mesa había un desnivel, una especie de desagüe que acababa en un pequeño recipiente. No desde luego para la sangre que ya no había, sino para los líquidos que un cadáver siempre contiene y conserva por un tiempo, su última lluvia. A través de las piernas, un poco por debajo del pubis, habían apoyado una bandeja de acero, del tipo de las que se usan para desayunar en la cama. Todas las comodidades, pensé. Mi cuerpo estaba totalmente desnudo y aún más blanco de lo que lo recordaba. Toda la vida había huido del sol, pero al menos antes de morir tendría que haberme bronceado un poco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112625217784001182?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112625217784001182'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112625217784001182'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/es-difcil-para-quien-nunca-la-ha.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-112617461211758126</id><published>2005-09-08T02:52:00.000-07:00</published><updated>2005-09-08T03:16:52.123-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Al amanecer del día siguiente vagaba en la niebla. Vi como llegaban los periódicos a los quioscos. Un quiosquero hojeó el principal diario de la ciudad y me situé tras su espalda para echarle un vistazo, cosa que en su lugar me habría resultado muy fastidiosa. Cuando llegó a la página de las necrológicas me llevé una agradable sorpresa. Muchísimas estaban dedicadas a mí. Después de una noche horrenda, el día empezaba bien.&lt;br /&gt;Las leí todas. Eran de los compañeros de la editorial en la que trabajaba últimamente, las personales del propietario y el director, que eran queridos amigos míos, de mis antiguos compañeros del periódico en el que había trabajado antes durante seis años. Naturalmente, también las había de mis padres y parientes. Pero mi atención se centró de improviso en una distinta de las demás. Era anónima y decía lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                --------------------------------------&lt;br /&gt;                Toda la vida la esperaste, querido&lt;br /&gt;                                &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Dino&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;             &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ha venido, estás en el misterio - NOS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;                veremos un año de estos - Milán, 28&lt;br /&gt;                de Enero.&lt;br /&gt;                ---------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No conseguía entenderlo. Todos mis amigos, prácticamente toda la gente que conocía estaba en la misma página con necrológicas firmadas. ¿De quién era aquella? Una nube oscureció el sol y comprendí: no podía haber sido otro que él, mi asesino.&lt;br /&gt;Recordé cuando, con diecinueve años, trabajaba en un periódico de provincias y escribía, con forma de artículo, las necrológicas pagadas de más. "Falta al cariño de sus seres queridos el distinguido señor S. V., apreciado comerciante que dedicó toda su vida a..."&lt;br /&gt;Una vez murió la madre del crítico teatral del periódico, un sesentón minusválido. Fue él mismo quien me dictó la necrológica:&lt;br /&gt;- A. M. , madre de nuestro estimado crítico teatral, ha expirado de improviso a la edad de noventa y dos años causando un profundo dolor a sus seres queridos y a cuantos la conocían... Pon una coma detrás de "años". Después, veamos: a S. M. , estimado crítico teatral de nuestro diario, las más sinceras condolencias... ¿Has escrito bien "condolencias"? Es con "c". Las más sinceras condolencias del director y de la redacción en su totalidad.&lt;br /&gt;Más tarde, hablando del tema con el redactor jefe, S. M. dijo:&lt;br /&gt;- Es una gran pena, cierto, pero hay que superarlo. Quiero decir que me voy a casar.&lt;br /&gt;Entregó también un artículo que empezaba así:&lt;br /&gt;"Este espectáculo, puesto en escena por la Locale Filodrammatica, es la reducción de una obra maestra de la literatura rusa contemporánea: &lt;em&gt;El maestro y la margarita...&lt;/em&gt;"&lt;br /&gt;¿Pero por qué mi asesino tendría que dedicarme una necrológica? Para procurarse una coartada, naturalmente, una coartada sutil. No tenía más que pasarme por la oficina de necrológicas del periódico y preguntar a quién se había cargado la factura. Por un instante había olvidado que era una sombra: ya no podía preguntar nada a nadie.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-112617461211758126?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112617461211758126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/112617461211758126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2005/09/al-amanecer-del-da-siguiente-vagaba-en.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-109034984724155646</id><published>2004-07-20T11:18:00.000-07:00</published><updated>2004-07-20T11:57:27.243-07:00</updated><title type='text'>Sábado 12 de Junio de 1982</title><content type='html'>Descubrí que no podía dormir, que no podría nunca más. Al principio sospeché que fuese la casa, aquella casa, la que me lo impedía, y así volé fuera y fui a acurrucarme en un banco del parque (ya no debía temer a los chorizos). Intenté, como hacía siempre en el pasado, inventar un sueño para dormirme y tener uno de verdad. Soñé que estaba con mis amigos de entonces en el pueblo donde había ido al instituto. Entre ellos estaba Adriano, que después murió de un mal incurable a los diecicocho años. Lo sabía, el médico le había dicho que podía vivir tres o cuatro años más como máximo y él había dicho:&lt;br /&gt;- No me va eso de morir tan joven.&lt;br /&gt;y séis meses después se murió. Estaba allí con los otros, pues, y estábamos todos un poco tristes porque Adriano debía marcharse al servicio militar (los demás, con tejemanejes varios, habíamos conseguido evitarlo). Adriano parecía resignado, pero se notaba que estaba al borde del llanto.&lt;br /&gt;Después, adulto, me encontré con mi madre en otra ciudad. Ella tenía que despachar algunos asuntos y yo quería ir a ver a Adriano en el cuartel. Era un cuartel enorme y, a medida que avanzaba entre los edificios desordenados que lo componían, se transformó en un hospital, un policlínico. Encontré a Adriano, que no me pareció demasiado contento de mi visita. Estaba muy cansado y triste. Dijo que ni siquiera le iba tan mal, que había conseguido hacer el servicio civil como médico, pero que le hacían sudar.&lt;br /&gt;Lo dejé y fui a la pequeña casa de campo que teníamos en aquella ciudad. Mi madre estaba ya allí, y estaban también mis suegros, aunque yo no estuviese casado. Para preparar el equipaje me dieron bolsas de plástico que encontré en un patio de cemento. Cogí dos y dejé en el suelo&amp;nbsp;la tercera, que era enorme y estaba llena de polvo. Llegó&amp;nbsp;mi gata negra (una gata extremadamente agresiva, tanto que cuando no me arañaba tenía el temor de que no estuviese bien). Le gustaba meterse en cualquier envoltorio y en efecto cortó con una uña la bolsa y se metió feliz. Después llegó un tejón, como el que le había mordido la oreja a mi perro veinticinco años atrás. Entre los dos comenzó súbita, velada por el polvo y el plástico, una lucha furiosa, y yo me divertí mirándolos. Creo que los azucé. Mi gata atacó arañando el hocico del tejón, pero éste extrajo garras afiladísimas y desgarró su piel por varios sitios. El último corte que le hizo, del cuello hasta la&amp;nbsp;mitad de la espalda, era profundísimo. Entonces intervine, bloqueando al tejón atrapándolo con el plástico, mientras la gata salía de un pedazo de la bolsa lentamente, arrastrándose con fatiga. Pensé que los animales se las apañan siempre, se curan solos. Sin embargo, me encontraba en un impasse: no me atrevía a&amp;nbsp;matar al tejón aplastándole la cabeza con la rodilla, y no podía dejarlo marchar porque seguramente me habría agredido también a&amp;nbsp;mí. Como no sabía de qué forma resolver la situación, pasé a la escena siguiente del sueño.&amp;nbsp; Entré en casa. Mi madre estaba&amp;nbsp;haciendo&amp;nbsp;las maletas. Mi suegra paseaba alrededor preparándose una bebida. Mis suegros eran ricos, gente bien. Salí a la terraza y vi tres gatos torturando a mi gata, arañándole en las heridas abiertas, especialmente en la de la espalda. Ella no reaccionaba, parecía resignada y se movía lentamente, muy lentamente. Intervine y los aparté. Acaricié a la gata y ella, cuyo hocico había cambiado para parecerse al de un perrillo recién nacido, me mordisqueó la mano. Sonreí y pensé que empezaba a estar mejor, visto que había recuperado su habitual agresividad. Pero después entendí que lo hacía sólo por el dolor y para decirme adiós, porque se moría, y lloraba.&lt;br /&gt;Afectado, entré en casa y le dije a mi madre que no nos podíamos ir porque tenía que encontrar un veterinario para curar a la gata. Cogí la guía de teléfonos y pasé las páginas, frenético. Mi suegra se burlaba de mí. En las páginas amarillas, extrañamente, no se encontraba la voz "Veterinarios".&lt;br /&gt;- Claro que no está - dijo mi suegra -. No todo el mundo es tan imbécil como tú, para llamar a un veterinario por una bestezuela. Y de todas formas seguro que no vendrían a esta hora.&lt;br /&gt;Me enfurecí y empecé a gritar contra ella, a blasfemar. Ella al principio conservó su actitud risueña pero después, como yo pretendía, se ofendió, por mucho que mi madre intentase poner paz. Llegó también mi suegro, sorprendido, y lo ofendí también a él. Después corrí fuera, volví al hospital.&amp;nbsp; Debía haber una planta de veterinaria. De hecho, la había, la había visto cuando buscaba a Adriano. Reconocí el pabellón, entré, pero me encontré en un descansillo con escaleras que subían y bajaban. ¿Qué piso? Subí hasta un entresuelo, después bajé una estrechísima escalera de caracol al final de la cual había una consulta con una guapa doctora que, sin embargo, no supo decirme dónde estaba la sección de veterinaria.&lt;br /&gt;En este punto seguía despierto y me di cuenta de que era inútil seguir dejando libre mi mente. Por lo cual resolví a toda prisa el sueño: encontré al veterinario y éste curó a la gata.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-109034984724155646?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/109034984724155646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/109034984724155646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/sbado-12-de-junio-de-1982.html' title='Sábado 12 de Junio de 1982'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108999226830715438</id><published>2004-07-16T08:32:00.000-07:00</published><updated>2004-07-16T08:37:48.306-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Llegó la noche y todavía seguía vagabundeando como un chorizo. Igual que la noche anterior, no sabía qué hacer. Dios, qué tristeza, pensé. Dios, me siento como si estuviera muerto.&lt;br /&gt;Volé al centro y miré la cartelera del cine. Podía entrar sin pagar el billete y cinco minutos después preguntarme:&lt;br /&gt;- ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué hago yo aquí?&lt;br /&gt;Los chicos y las chicas paseaban abrazados bajo los&amp;nbsp;soportales de la avenida.&lt;br /&gt;Volé a casa. No había nada, ni la mancha de sangre de la moqueta se distinguía apenas. Me tendí sobre la cama aún sin hacer. Fantasmas, zombis, grité, venid, os lo ruego, venid a hacerme compañía.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108999226830715438?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108999226830715438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108999226830715438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/lleg-la-noche-y-todava-segua.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108999192746210358</id><published>2004-07-16T08:16:00.000-07:00</published><updated>2004-07-16T08:32:07.463-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Paseaba, a ratos caminando, a ratos volando, por las calles de la ciudad del atardecer. Bajo los limpiaparabrisas de todos los coches de una calle había prendido un trozo de papel de multicopista en el que se leía lo siguiente:&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;Milán, 11/01/1980&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Estimado Señor:&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me complace informarle a VD de la publicación de mi primer volumen titulado &lt;em&gt;El&amp;nbsp;inconsciente&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se trata de un preciso, claro, despiadado análisis de las condiciones de cada uno de nosotros en la vida de nuestro tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lo completa una introducción de carácter autobiográfico que pretende explicar cuál es el principal objetivo de mi texto; vale decir, descubrir los más recónditos, oscuros, laberínticos mecanismos de la vida en su esencia universal.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Todos los folios estaban desgarrados bajo esta última línea. No había nombre del autor ni del eventual editor, ni cualquier otro dato que permitiese encontrar (pagando, se entiende) el volumen.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;No hacía, sin darme cuenta, ninguna de las cosas que siempre había soñado con hacer cuando me muriese. Por ejemplo, viajar más allá de los límites del universo para ver que hay.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;No me sentía en paz, mucho menos eterna. Tampoco en guerra, por otro lado. No me sentía.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Tenía el recuerdo de un deseo, el de hacer, antes de morir, tantas cosas. Matar a mi padre, a mi madre y a mi tía a golpes de hoz, por ejemplo, o montar por lo menos una vez en avión para vencer el miedo, o resolver el misterio del monstruo del Lago Ness, o estar sólo, en la plaza del Duomo, el día luminoso que el platillo volante aterrizó.&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Era, en vida, a ratos inteligentísimo, decididamente por encima de la media, y a ratos idiota, decididamente por debajo. Alternaba momentos en los que estaba a punto de resolver el último teorema de Fermat con periodos en los que miraba el sol, un perro, una hoja de hierba, y me reía.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108999192746210358?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108999192746210358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108999192746210358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/paseaba-ratos-caminando-ratos-volando.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108999086909785180</id><published>2004-07-16T07:43:00.000-07:00</published><updated>2004-07-16T08:14:29.096-07:00</updated><title type='text'>Sábado 5 de Junio de 1982</title><content type='html'>He sido, en vida, un psicótico. He hecho cosas raras de las que me avergüenzo y cosas normales de las que me avergüenzo todavía más. De ahora en adelante, como suele decirse, sentaré la cabeza. Por otro lado soy joven, tengo tanto tiempo, tengo toda la muerte por delante.&lt;br /&gt;Una vez, recuerdo, me corté con un cutter. Desinfecté la hoja y mi brazo derecho, poco más abajo del pliegue del codo.&amp;nbsp; Me practiqué dos incisiones veloces, sin sentir dolor. Estiré la piel para hacer salir la sangre y me d¡eron ganas de reír. Era divertido. Pensé que manejando el&amp;nbsp;cutter con la derecha me iría mejor, así que desinfecté el brazo izquierdo y me hice otros nueve cortes. A veces me reía para mis adentros. Después me fui a dormir, sintiéndome feliz. La sangre me manchó la camiseta. Por aquella época llevaba la ropa interior para que la lavara mi madre, pero no podía llevarle aquella camiseta. Me habría hecho preguntas y yo, incapaz de mentir, le habría dicho la verdad. Ella no habría sabido hacer otra cosa que ponerse a llorar, y yo detestaba las cosas inútiles. Llevé la camiseta a una tintorería y la lavaron sin ese detergente especial que mantiene la tela blanca. Cuando mi madre vió la camiseta oscura dijo:&lt;br /&gt;- Pero esta no es la tuya.&lt;br /&gt;Yo dije:&lt;br /&gt;- Eh, ya. Probablemente se han equivocado en la tintorería.&lt;br /&gt;- ¿Cómo que has ido a la tintorería?&lt;br /&gt;- Porque la semana pasada me olvidé de traer a casa algunas cosas, incluída la camiseta.&lt;br /&gt;- Ah. Bueno, devuélvesela, haz que te den la tuya.&lt;br /&gt;No sospechó nada, y yo me sentí como si hubiese conseguido ejecutar el crimen perfecto.&lt;br /&gt;Unos cuantos días después de los primeros cortes me hice otros dos, subiendo el total hasta trece. Buena suerte.&amp;nbsp; Excepto uno, en la palma de la mano izquierda, que habría podido justificar de muchas formas plausibles, los cortes permanecerían escondidos bajo las mangas de la camisa.&lt;br /&gt;El corte decimocuarto me asustó. Había cambiado la hoja del cutter y, por si fuera poco, di un corte mucho más decidido que las veces anteriores. Se abrió una herida bastante profunda, aunque sin llegar a la carne viva, y la sangre manó en abundancia. Parecía una boca, o un sexo femenino. En el temor, pensé que habría podido hundir todavía más la hoja, abrir realmente una vagina en mi brazo que me hubiera&amp;nbsp;convertido en&amp;nbsp;autosuficiente. Y quizá mi semen hubiese generado un hijo, que habría crecido en mi brazo. Todos pensarían en un cáncer y en realidad sería el fruto de mi amor.&lt;br /&gt;Llamé por teléfono a Federico. Lo cogió su mujer, y escuché enseguida los gritos de los gemelos, los gritos de la suegra de Federico, y los de Federico. Cuando su mujer me lo pasó, le dije:&lt;br /&gt;- Hola, Federico, ¿cómo estás?&lt;br /&gt;- Bien no.&lt;br /&gt;- Oye, perdona que te moleste, pero... me he vuelto a cortar, y esta es fea.&lt;br /&gt;- Pero, ¡¿es posible que con todos los problemas que tengo, tenga encima que tener un amigo que se corta, me cago en la puta?!&lt;br /&gt;- No, lo siento, tienes razón. Quería sólo preguntarte una cosa, se me ha acabado el desinfectante y tengo sólo alcohol de ese rosa, del que se usa para lavar cristales. ¿Ese vale?&lt;br /&gt;- Sí, por valer vale,&amp;nbsp; pero sobre la herida abierta quema como el fuego. ¿Quieres venir aquí?&lt;br /&gt;- No, no, perdona. Era sólo para eso. Había acabado el desinfectante y no sabía si el alcohol rosa valía. Has dicho que vale, ¿no?&lt;br /&gt;- Sí, pero quema.&lt;br /&gt;- No importa. Perdona si te he molestado.&lt;br /&gt;- Venga, nos vemos.&lt;br /&gt;El corte siguió escupiendo sangre durante toda la noche. No tenía vendas y me puse algodón liándolo con un pañuelo, sujetando la punta del pañuelo entre los dientes como un cowboy. A la mañana siguiente el algodón se había pegado a la herida. Cuando lo despegué la sangre volvió a fluir. Iba ya con retraso y no podía pararme en una farmacia, pero en el servicio de la oficina había un botiquín de primeros auxilios. Tomé el café con los demás, trabajé durante un cuarto de hora y después fuí al baño. Había desinfectante, gasas y vendas. Me apañé como mejor pude. Después, compré crema cicatrizante y, a sugerencia de otro amigo mío, no cubrí más la herida, para dejar que le diese el aire. Pocos días después se formó la costra y dos semanas después conseguí arrancarla poco a poco, con un cierto placer. Quedó una gran cicatriz, mucho más bonita que las pequeñas.&lt;br /&gt;Alarmado, pensé que mi cuerpo prematuramente difunto habría sido ya desnudado y mi madre habría notado las marcas en el brazo. Pero probablemente no le habría hecho demasiado caso, dado que era todo mi cuerpo una inmensa cicatriz.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108999086909785180?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108999086909785180'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108999086909785180'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/sbado-5-de-junio-de-1982.html' title='Sábado 5 de Junio de 1982'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108998897102451118</id><published>2004-07-16T07:24:00.000-07:00</published><updated>2004-07-16T07:42:51.023-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Había decidido, pues, transformarme en detective, descubrir quién, cómo y por qué me había matado, y con mis nuevas facultades no sería difícil. Por ello no tenía prisa y se me ocurrió, antes, divertirme un poco. Entré en muchas casas, espiando a sus habitantes empeñados en las típicas ocupaciones banales. Me impresionó un hombre que decía, siguiendo el hilo de su discurso:&lt;br /&gt;- Las cosas buenas me parecen ya tan alejadas en el tiempo... Las malas pasaron ayer.&lt;br /&gt;Entré en una casa y por primera vez después de mi muerte sentí dolor, pero cómo fuese este dolor y qué parte de mí lo sentía, no lo sé decir. Solo sé que era lo que buscaba. Con una sonrisa maliciosa, en primera fila, miré a una chica que se desnudaba. Se quedó desnuda, se dió una ducha, se lavó cuidadosamente las partes íntimas, se secó, se perfumó y se maquilló, para después volverse a vestir con una lenta selección de prendas. Sus actos no tenían nada de erótico, y sin embargo me sentía morir como si estuviese todavía vivo, sentí fiebre y despesperación y tormento insoportable y ganas de gritar, gritar, gritar, y la nada y el todo dentro de mí, y el llanto y la risa, la impotencia, la circulación de&amp;nbsp;mi sangre que, como un ritmo, no conseguiría extenderse dentro de ella ni comprender su misterio.&lt;br /&gt;Recordé, mientras me dejaba volar lejos, lejos de allí, lo que decía Francesconi:&lt;br /&gt;- Mi abuelo estaba allí, en la mecedora, con la mirada húmeda perdida en el vacío, y todos decían "Piensa en la muerte que llegará". Y un cuerno. Pensaba en el coño, lo tenía aquí - y se daba un golpe con el canto de la mano entre los ojos -. Como en aquella película, no me acuerdo cómo se titula, en la que aquel viejo moribundo le pregunta&amp;nbsp;a la actriz joven: "¿Me lo dejas ver una vez más?", y ella se levanta la falda y él sonríe y suspira: "Sí... lo recuerdo, qué hermoso era...", y se va, sin serenidad, sin miedo, llevándose consigo sólo su deseo.&lt;br /&gt;El abuelo de Francesconi se había ido&amp;nbsp;hacía muchos años, probablemente al paraíso: había entrado con la maravilla de un niño en el Gran Coño.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108998897102451118?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108998897102451118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108998897102451118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/haba-decidido-pues-transformarme-en.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108998571044778100</id><published>2004-07-16T06:01:00.000-07:00</published><updated>2004-07-16T06:52:34.276-07:00</updated><title type='text'>Domingo 30 de Mayo de 1982</title><content type='html'>Un acontecimiento francamente curioso de mi vida fue mi muerte. De hecho, ocurrió el día de mi trigésimo cumpleaños, en circunstancias misteriosas. Fui asesinado en una habitación herméticamente cerrada desde el interior. Estaba más o menos en esta posición, escribiendo a máquina, cuando escuché un murmullo&amp;nbsp;a mi espalda. No exactamente, más que un murmullo era el aliento de una presencia, detrás de mí. &lt;br /&gt;Tengo una máquina de escribir electrónica, dotada de memoria. Registra en un disco las palabras que yo compongo en el teclado y a continuación, cuando curso la orden, las transfiere sobre el papel. A veces, no obstante, se bloquea y ocurre, como ahora, que imprime de nuevo una mezcla de frases ya escritas, sin darse cuenta. Su cerebro se confunde, su memoria se traiciona, desvela el engaño, no recuerda sus propios recuerdos. &lt;br /&gt;Me levanté de la cama, atravesé (en el verdadero sentido de la palabra) aquella multitud vociferante y ya tan ajena a mí&amp;nbsp;y anduve hasta la ventana, que alguien había abierto. Estaba a punto de lanzarme fuera, volando, cuando repentinamente se hizo el silencio. Me volví y vi que todos se habían paralizado como estatuas, mi madre todavía arrodillada sosteniendo la cabeza del cadáver, mi padre cubriéndose la cara con las manos, los otros en posiciones diversas y extrañamente armoniosas con el cuadro de conjunto. Duró un instante, después sonó el teléfono y los personajes de la sacra representación volvieron a la vida. Excepto uno, naturalmente. &lt;br /&gt;El teléfono. Cuántas veces había esperado en vano que sonase, y ahora no podía responder. Probablemente era uno de mis amigos que había llamado a la oficina y había sido puesto al corriente de la situación. En el mismo momento oí, quizá el primero, las sirenas todavía lejanas de la policía y la ambulancia. &lt;br /&gt;Salvé un pájaro, una vez. Estaba en el coche, detenido frente a un semáforo. Ví más allá del cruce, sobre el asfalto, un pajarillo que se debatía desesperado y otros que volaban a su alrededor, ellos que sí podían, y se posaban junto a él preguntándole: &lt;br /&gt;- Pero, ¿qué pasa? ¿Qué te ocurre? &lt;br /&gt;Cuando se puso verde arranqué hacia el pajarillo y frené justo delante de él, haciendo escudo con mi coche y bloqueando el tráfico. Salí. El pajarillo aterrorizado se arrastró hacia el bordillo, escondiéndose debajo de un coche aparcado. Tras de mí, que no sabía qué hacer, sonó el claxon de un camión. Me volví y ví que el conductor estaba bajando. Pensaba que me iba a gritar en la cara amenazándome con pegarme y en lugar de eso dijo: &lt;br /&gt;- Es un pajarillo, sí, no puede volar, cojámoslo. &lt;br /&gt;Sin que la larga caravana de coches nos molestase, el hombretón y yo comenzamos la caza del pájaro. Fué él quien lo atrapó, después de acechar largo rato&amp;nbsp;por todos los lados del coche bajo el cuál se había refugiado. Los otros pájaros ya se habían ido. El hombre me dijo: &lt;br /&gt;- Toma, llévatelo a casa y cúralo. &lt;br /&gt;Buscó en un montón de basura una caja que pudiese contenerlo, lo metió dentro y me confió la caja sonriendo y despidiéndose. Llevé el pajarillo a casa de un amigo mío: estaban su mujer y sus hijos, que le hicieron muchas fiestas. En la misma calle había una tienda de animales. Salí con mi caja y le pregunté al dueño, que tenía aire de entender del tema, si el pajarillo sobreviviría. Lo cogió en la mano, comprobó que no tuviese nada roto y dijo: &lt;br /&gt;- Quizá sí. &lt;br /&gt;Le pedí una jaula y la comida adecuada. Él se aprovechó de la situación y me vendió una especie de mansión para águilas. Volví arriba y todos juntos preparamos una papilla de pasto e intentamos hacer comer al pájaro. Lo sujeté en la mano, el corazón le batía rapidísimo, pero pensé que la frecuencia de las pulsaciones de los animales era diferente de la nuestra y que quizá aquello era normal. Después de muchas dudas el pajarillo empezó a comer, señal de que sobreviviría. Lo devolví a la jaula y lo llevé a casa. Puse la jaula sobre el escritorio, junto a la ventana, más o menos en el lugar donde me encontraba ahora. Parecía&amp;nbsp;vivaz y cobraba valor a cada minuto que pasaba. No conseguía tenerse sobre las patas, todavía demasiado frágiles, pero daba pequeños saltos moviendo las alas. Pensé que lo tendría hasta que pudiese volar y entonces lo dejaría libre. Me fui a dormir. El pajarillo piaba de vez en cuando. Me desperté más veces aquella noche, y fui a ver cómo estaba: a veces dormía, más a menudo se movía de un lado a otro de la jaula mientras seguía piando. Quería levantarme muy temprano la mañana siguiente, para darle de comer otra vez, pero me dormí hacia las séis y media, y me desperté sólo a las nueve, cuando el pajarillo estaba ya muerto. Estaba encogido en una esquina de la jaula, con los ojos en blanco. En el cuello tenía dos bultos hinchados y transparentes.&amp;nbsp;Saqué de su caja el&amp;nbsp;exprimidor de zumo y lo llené de paja, sobre la cual acosté al pajarillo. Lo cubrí con más paja para que estuviese caliente. Fui a enterrarlo fuera de la ciudad, en la orilla de uno de los dos canales, cerca del agua y de los árboles. Puse la jaula sobre el estante más alto del armario, donde aún sigue. &lt;br /&gt;Volé. &lt;br /&gt;Había experimentado la misma sensación, simplemente deseándola, de niño. Leía tebeos en los cuales un hombre venido de otro planeta con un sol rojo, gracias al sol amarillo de la tierra, conseguía superpoderes: podía volar, era ultrafuerte, invulnerable y veía a través de los muros con su visión de rayos X. Me habría gustado mucho ser como él. Unas cuantas veces soñé con tener un poder o dos, nunca todos a la vez, e incluso los que tenía eran limitados y no tenía el control completo. Por ejemplo, soñé que tenía visión de rayos X y que daba demostraciones en un auditorio académico mirando dentro de una caja, pero la cosa no me salía con naturalidad, tenía que concentrarme mucho como fingen hacer los ilusionistas, y al final la visión era confusa. Los espectadores estaban igualmente maravillados y entusiastas, pero yo, aunque no lo hacía saber, me sentía un poco defraudado. Más a menudo he soñado con tener un poder del que el protagonista del tebeo carecía: la telekinesis, la capacidad de mover objetos con la sola fuerza del pensamiento. También de este poder daba demostraciones públicas y una vez levanté un sillón. &lt;br /&gt;Ahora volaba, y era muy hermoso. Me bastaban mínimos movimientos para tenerme a flote en el aire venciendo la fuerza de la gravedad de mi escasísimo peso. Aprendí en pocos minutos a dirigir mi vuelo, a planear y virar, a aterrizar y despegar de nuevo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108998571044778100?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108998571044778100'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108998571044778100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/domingo-30-de-mayo-de-1982.html' title='Domingo 30 de Mayo de 1982'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108990317728657654</id><published>2004-07-15T06:44:00.000-07:00</published><updated>2004-07-15T07:52:57.286-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Me dí cuenta de que podía volar, y eso me animó un poco. Con un pequeño impulso me separaba del suelo y llegaba a dos, tres metros de altura, quedando entonces durante algunos segundos inmóvil en medio del aire y cayendo después fluctuante, lento como una hoja muerta. Divertido, probé y probé como un niño o un astronauta en ausencia de gravedad, y una vez atravesé el techo y me encontré en el desván. No había estado nunca: sólo el guardián del edificio tenía la llave. Una vez, los albañiles que trabajaban en mi casa habían subido hasta allí para controlar la resistencia de la construcción, pero yo no les seguí por un extraño temor. No había nada, sólo polvo y telarañas. Cuando volví abajo, un pequeño rumor se superpuso al estruendo irritante del cerrajero: se había caído el esqueleto de plástico fosforescente que construí años atrás y que había siempre pendido, sujeto por medio de un elástico y un caballete metálico, del estante más alto de la biblioteca. Sus huesos rechinaron y parecieron encogerse hasta hacerle tomar una posición fetal, justo al borde del abismo. Un centímetro más y habría caído exactamente encima de mi cuerpo, como una broma pesada.&lt;br /&gt;Empecé a interrogarme sobre mi nueva condición, haciéndome cada vez más indiferente a las voces de fuera y al destino de mis restos mortales. ¿Qué era yo, un alma? Poco probable, visto que no me encontraba en ninguno de los tres reinos del más allá, ni había visto ninguna luz deslumbrante, ni me sentía más triste o más feliz. Un fantasma, entonces: quizá, pero puedo adelantar que después no encontré ningún colega y que, por mucho que quisiera, no conseguí mover objetos o lanzar alaridos en la noche o aparecer, horrible visión, ante un vivo.&lt;br /&gt;Y aun así, de niño había tenido prueba de la existencia de presencias sobrenaturales. En el pueblo, en la colina, dormía en un cuarto con mi abuela. La única ventana de la habitación daba al corral, donde estaba el "vertedero", esto es, una gran tina de cemento, cubierta por una plancha con una trampilla, donde los vecinos tiraban la basura. Una vez o más a la semana venía un viejo con una carreta tirada por un burro y la vaciaba. Las ruedas de la carreta estaban recubiertas de metal y el ruido que producían sobre los guijarros del corral era inconfundible. Una noche, no recuerdo cuál pero tendría yo séis, siete años, hacia las once, escuché la carreta abajo en el corral y pensé:&lt;br /&gt;- Nada, ya viene a vaciar el vertedero.&lt;br /&gt;La cosa me pareció normal y me dormí tranquilamente. La noche siguiente lo volví a escuchar, y también una noche después. Un día, distraídamente, le dije a mi madre:&lt;br /&gt;- ¿Por qué viene la carreta a vaciar el vertedero todas las noches?&lt;br /&gt;Mi madre dijo que la carreta venía una o dos veces por semana, pero de día. Dijo también, antes que nada:&lt;br /&gt;- ¿Pero qué estás diciendo?&lt;br /&gt;y eso me asustó. Dije que lo oía siempre antes de dormirme, que no había duda, que era aquella carreta, pero mi madre, preocupada por mi salud mental, en vez de profundizar en la discusión, usó su autoridad para hacerme admitir que me había equivocado. No le dije nada más, pero seguí oyendo la carreta, abajo en la oscuridad. Una noche el ruido era tan fuerte que tuve la tentación de llamar a mi madre, de llevarla a mi habitación y decirle:&lt;br /&gt;- Shhh... ¿lo oyes? ¿Lo oyes?&lt;br /&gt;No lo hice por cobardía. En su lugar, desperté a mi abuela y le pregunté si oía algo. Ella, bostezando, respondió:&lt;br /&gt;- ¿Oír? ¿Qué?&lt;br /&gt;La carreta volvió todas las noches, durante años. Si a veces no la oía antes de dormir, me despertaba después en la madrugada y llegaba. Poco a poco empecé a tenerle miedo, y cuando mi familia se trasladó a otro pueblo, en la llanura, me alegré también por esto, porque no la oiría más. La mudanza fue caótica y entusiasta; comenzó por la mañana temprano y a la noche la nueva casa era todavía un lío de muebles y cajas desordenadas. La cena fue como un picnic entre aquellas ruinas que eran el principio y no el fin. Todavía excitado, fui a la cama, leí un poco y apagué la luz. Sólo entonces me vino a la mente la carreta y sonreí, seguro de haberla dejado atrás. El patio de la casa nueva estaba asfaltado, no tenía guijarros y tampoco vertedero. Giré la cabeza en la cama para dormir y un instante después la escuché venir de lejos hasta detenerse debajo de mi ventana, con el estruendo aterrador de sus ruedas. Cerré los ojos en la oscuridad y mi mente explotó.&lt;br /&gt;Después de aquella primera noche no volvió más: la carreta fantasma sólo había querido darme su saludo, decirme adiós.&lt;br /&gt;La puerta se abrió con un chasquido y una verdadera jauría invadió el pequeño apartamento. Entre las miles de voces y frases sin sentido oí a mi madre gritar mi nombre y llorar mientras se agachaba junto a aquel ridículo amasijo de carne y huesos que a ella misma, de haberse mantenido un poco más lúcida, le habría dado horror y vergüenza y risa considerar su hijo. Recordé una vez que me pegó, no sé por qué delito mío, con un bastón, dejándome en las piernas heridas que tardaron semanas en curarse e, infame, sonrió. Recordé, todavía más atrás en el tiempo, una vez que estaba en la cama y había dicho algo que no debía y ella la emprendió a bofetadas conmigo hasta que me golpeó en la ingle y se paralizó, asustada, preguntándome si me había hecho daño.&lt;br /&gt;- No - respondí, sin entender.&lt;br /&gt;¿Qué diferencia había entre aquella y las otras partes del cuerpo? Me lo preguntaba mientras ella se dulcificaba, casi pedía disculpas. Sin saberlo, en aquel momento mi madre me había mostrado todo el sentido de la vida.&lt;br /&gt;Estaba sentado en el borde de la cama deshecha (como descubrí enseguida, aunque no podía tocar nada, tenía la facultad de no atravesar la materia si no lo deseaba, de otra forma habría caído desde el principio más allá del suelo, a través de todos los pisos y todavía más abajo hasta el centro de la tierra, y hacia arriba por el otro lado, hacia arriba en el cielo inverso y al fin ni arriba ni abajo, en el espacio, transformándome en nada en la nada. He leído que el universo en expansión podría en un cierto punto volver sobre sí mismo, comprimirse hasta provocar un nuevo big bang inicial. Pero es más probable que el fin sea éste, de acuerdo con una teoría totalmente opuesta: las galaxias continuarán alejándose, no quedará hidrógeno para formar nuevas estrellas y las viejas se apagarán una a una, esfumándose. Y los átomos de cada cuerpo errante se disgregarán alejándose a su vez los unos de los otros, y así harán también las partículas de cada átomo, los protones se descompondrán en rayos gamma y positrones, los cuales se aniquilarán con los electrones, transformándose en más rayos gamma, hasta que sólo queden radiaciones que nadie captará, cada vez más débiles, y después nada más).&lt;br /&gt;Mi director, quien, pensé, había dado inicio a las operaciones de socorro al ver que faltaba al trabajo (a propósito, el teléfono debía de haber sonado, aquella mañana: ¿cómo que no lo había oído? Sueño pesado, estaba realmente muerto), llamó a la policía y, como buen apasionado de las novelas detectivescas, pidió que nadie tocara nada cuando ya todos habían tocado todo. Casi podía leer sus pensamientos:&lt;br /&gt;- ¡Un delito de habitación cerrada! Un misterio como siempre había soñado. Pero no podré investigar como en las novelas, naturalmente. Lo hará todo la policía y no descubrirán nada, seguro...&lt;br /&gt;Miró mi cuerpo, intentando disimular la excitación:&lt;br /&gt;- Él, él lo sabe todo, él sabe como la fantasía se ha hecho realidad.&lt;br /&gt;Y sin embargo yo no sabía nada de nada, y me dieron ganas de desvelar el enigma de mi muerte, de encontrar a mi asesino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108990317728657654?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108990317728657654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108990317728657654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/me-d-cuenta-de-que-poda-volar-y-eso-me.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108989198764357379</id><published>2004-07-15T03:43:00.000-07:00</published><updated>2004-07-15T04:46:27.643-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Durante el largo sueño que siguió a mi muerte, sin embargo, no tuve sueños de ningún tipo, simplemente dormí, profunda y silenciosamente como un niño o un hombre muy cansado. Si mi madre hubiese podido verme habría dicho, con una tierna sonrisa:&lt;br /&gt;- Qué bien duerme, parece un muerto.&lt;br /&gt;Me despertaron los ruidos del cerrajero forzando la puerta. He dicho que fuí asesinado en una habitación cerrada desde dentro, pero debería haber usado el término casa: si no lo he hecho es porque mi apartamento, en el cuarto piso sin ascensor de un viejo edificio cercano al canal, era lo bastante pequeño como para ser denominado monolocal, aunque estuviera dividido en dos habitaciones. El arquitecto que había dirigido los trabajos de reestructuración, después de la compra, me había propuesto de hecho tirar la única pared divisoria, pero yo lo rechacé diciendo:&lt;br /&gt;- No, me gusta pasar de una habitación a la otra.&lt;br /&gt;Los ruidos me molestaban, me ponían de mal humor. Pensaba que era sábado y que alguien del vecindario se había puesto a trabajar temprano. Me enfurecí y, en el duermevela, planeé salir y agredirlo, pero inmediatamente el sentimiento de culpa hizo que me asustase por estar despierto y que temiese que, abriendo los ojos, le pudiera molestar yo a él.&lt;br /&gt;La puerta estaba blindada y tenía cadena de seguridad. Para abrirla, el cerrajero empleó más de una hora. Escuchaba voces, entre los ruidos, y distinguí las de mi madre, mi padre y el director de mi oficina.&lt;br /&gt;No conseguía razonar bien y por un instante estuve contento de aquella visita, dejé de sentirme sólo.&lt;br /&gt;Después me incorporé para sentarme, abriendo los ojos, y me di cuenta de que estaba sobre el suelo y no tenía consistencia corporal. Mi imagen se superponía en parte a mi cuerpo sin vida. Me levanté y me desgajé completamente, mirándolo con curiosidad. La posición antinatural en la que yacía resaltaba aún más mis imperfecciones, y me avergoncé. Cierto, por lo menos había muerto vestido, porque la vergüenza habría sido insportable si me hubiesen encontrado en calzoncillos y camiseta, pero aun así no era agradable. Intenté colocarme de forma menos grotesca, pero mis manos me atravesaban sin moverme. Comencé entonces a recordar todo y a darme cuenta de que ya no estaba vivo. Comprendí que era sólo mi espíritu, mi alma, lo que fuera de mí que había sobrevivido a la muerte.&lt;br /&gt;Fue una sorpresa divertida: nunca había creído en la vida en el más allá y he aquí que me encontraba estafado, como esos que, al contrario, creen y luego no se despiertan más, y ni siquera se dan cuenta de que todo lo que tenían se desmorona sin desesperación ni esperanza, como mi pene en el sueño.&lt;br /&gt;Descubrí enseguida que no era del todo incorpóreo y, gracias a una báscula de precisión, pude incluso determinar mi peso: tres miligramos. Quizá no era normal: con una buena dieta, probablemente, habría podido bajar a cero.&lt;br /&gt;Mientras el cerrajero accionaba una sierra eléctrica haciendo temblar los muros del viejo edificio, yo, impávido, seguía mirando mi cadáver. La sangre de la frente y la moqueta ya se había coagulado, los ojos estaban entrecerrados y la boca retorcida en una mueca.&lt;br /&gt;Fui al baño y después a la otra habitación, moviéndome lentamente y observando cada objeto, y todo me parecía falto de vida, e inútil, y estúpido, como cuando estaba vivo.&lt;br /&gt;Al mismo tiempo, llegaba a los quioscos la primera edición del periódico local de la tarde. En primera plana un titular recuadrado apuntaba a un artículo en las páginas interiores, que reproduzco aquí en su integridad:&lt;br /&gt;"Cadenas en los tobillos, santos y crucifijos alrededor. Se ha dejado morir así, de sed y de hambre, un ingeniero nuclear, asistente universitario, y lo han encontrado cuarenta días después, deshidratado, momificado, víctima de una situación que está, verdaderamente, más allá de los límites de la realidad. A. O., treinta y ocho años, vecino de vía Anguissola, cercana a la piazza delle Bande Nere, era considerado un estudioso brillante, lo suficiente como para obtener la suplencia a la cátedra de física nuclear. Apreciado como estudioso no tenía sin embargo el mismo éxito en el plano de las relaciones humanas: con los colegas hablaba poco, sobre todo no los frecuentaba fuera de los ambientes de la Universidad. Su existencia estaba hecha de largos silencios, de soledad, de domingos vacíos pasados en casa. Pocas palabras con los tenderos que le vendían la comida que cocinaba para él sólo, algún tímido saludo a los vecinos y nada más. Pasaba por un académico un peco estrafalario (en el texto, poco estaba escrito así, peco) y era precisamente su mente científica la que justificaba a los ojos de los demás sus pequeñas extravagancias, ese aislarse de la sociedad. Y sin embargo A. O. no era estrafalario, simplemente estaba sólo, desesperadamente sólo, y por esta condición sufría. Incluso había intentado construír, tímidamente, una imagen diferente: a un colega de la Universidad le había dicho que tenía novia, pero ahora parece que era una invención fantástica y no una mujer real, una mujer que lo habría podido hacer salir del círculo de la soledad y la desesperación. Hace un año murió su padre, al que estaba profundamente unido, y este episodio lo había empujado todavía más adelante en el camino que conduce fuera del consorcio humano. Le quedaba un hermano con el que se encontraba de vez en cuando, pero también con él había restringido los contactos y, sobre todo, había abolido toda confianza. Si hubiese hablado, si hubiese hecho entender cuánta necesidad de compañía sentía, alguien le habría tendido una mano. Por el contrario, frente a todos, se ha mantenido la imagen del profesor estrafalario, del académico que no habla porque tiene la mente perdida en sus cálculos pero que precisamente por ello es feliz. Hace dos meses había empezado a decir a los colegas:&lt;br /&gt;- Me siento agotado, necesito un descanso. Ya lo he acordado con los frailes, iré a su monasterio para un periodo de retiro espiritual.&lt;br /&gt;A. O. era religioso. Tras la muerte del padre se había refugiado todavía más en la fe y a todos les había parecido natural semejante proyecto. Quizá tenía realmente intención de hacerlo, el retiro espiritual, quizá por el contrario estaba preparando la tapadera para su propósito suicida. Se sabe que pocos días después entró en casa, cerró la puerta, puso en orden todas las cosas y se dirigió al baño. Llevaba consigo una robusta cadena y un candado y comenzó un ritual terrorífico, estremecedor aun al releerlo ahora. Abrió el grifo y, sobre el borde del lavabo, alineó con cuidado algunas imágenes religiosas. Después se acostó sobre el suelo y comenzó a encadenarse los tobillos, fijando después la cadena al bidet y asegurándola con el candado. Desde aquel momento permaneció allí, esperando la muerte. Probablemente habría podido liberarse de haber querido, en los primeros días, arrancando de su sujección la taza del inodoro; también podría haber pedido ayuda. Pero su voluntad de morir fue más fuerte que su instinto de supervivencia. Obstinadamente ha esperado, sin comer ni beber, aun con el agua al alcance de la mano, fluyendo del grifo que él podía tocar. Y al final, cuando quizá hubiera querido salvarse, estaba demasiado débil para hacerlo, no le quedaban fuerzas para liberarse de la cadena ni para pedir ayuda. Días después se había convertido en una momia, se había disecado sin que la muerte descompusiera el cuerpo, transformado en incorruptible. Una muy pobre compensación para aquellos días y aquellas noches de pesadilla, transcurridos luchando entre la voluntad de dejarse morir y esa parte de él que seguramente gritaba de desesperación por el hambre y la sed. En él ha vencido la voluntad sublimada, la que acalla hasta los instintos más naturales y universales. Pero en la base de esta voluntad no había otra cosa que el vacío, la soledad, la falta de amigos. Cuán sólo se encontraba A. O. lo ha atestiguado también su trágico fin. Ha permanecido en el apartamento durante cuarenta días, con el agua que chorreaba del lavabo. Los vecinos escuchaban el gorgoteo, pero no le han hecho demasiado caso: el profesor era muy original, podía haberse olvidado de cerrar el grifo. Durante cuarenta días el ingeniero O. ha estado desaparecido sin que nadie, en la Universidad ni en ningún otro sitio, se preocupase de preguntarse por qué. Cuando lo han buscado, no ha sido difícil encontrarlo. Estaba allí, encadenado, y se había convertido en una momia".&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108989198764357379?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108989198764357379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108989198764357379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/durante-el-largo-sueo-que-sigui-mi.html' title=''/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7639345.post-108988575784455852</id><published>2004-07-15T02:11:00.000-07:00</published><updated>2004-07-15T03:02:37.846-07:00</updated><title type='text'>Sábado 29 de Mayo de 1982</title><content type='html'>Mi muerte ocurrió el día de mi trigésimo cumpleaños, en circunstancias misteriosas. Fui asesinado en una habitación herméticamente cerrada desde el interior. Estaba más o menos en esta posición, escribiendo a máquina, cuando noté un murmullo a mi espalda. No exactamente: más que un murmullo era el aliento de una presencia tras de mí. Me volví de golpe, asustado, pero lo hice apenas a tiempo para ver la silueta indistinta de un hombre que me apuntaba con un arma, probablemente una pistola o un fusil de cañones recortados. Inmediatamente después sonó una detonación y el proyectil entró en mi cerebro, provocando mi casi instantánea salida de este mundo. Casi instantánea, quiero decir, según el informe del forense, porque en realidad duró varios segundos. Sentí un dolor inmenso, indescriptible, podía escuchar claramente los gritos desesperados de mis órganos internos, el estómago, el hígado, los pulmones, el aparato genital, el corazón y su infinita red de arterias, venas y vasos sanguíneos que repetían a la mente, como un disco rayado:&lt;br /&gt;- Ayuda... no puedes abandonarnos así...&lt;br /&gt;Aquellos instantes bastaron para convencerme de que no existe muerte dulce y que, después de tantos males, llega siempre el más grande. Con una consolación, es cierto, la misma de toda enfermedad, pero más precisa e indudable, como la perfecta resignación travestida de perfecta esperanza:&lt;br /&gt;- Pasará... pasará todo...&lt;br /&gt;Después de lo cual me dormí, cayendo sobre la moqueta roja. Si no recuerdo mal, mi último pensamiento fue que iba a mancharla, pero también pensé que sería peor si fuese blanca.&lt;br /&gt;Era alrededor de la medianoche, y dormí hasta la tarde del día después. La noche anterior había tenido este sueño: entraba con mi madre en un edificio largo, una especie de túnel. Aquí la perdía de vista. Poco después, me encontraba con una chica que se metía en la boca mi pene y lo chupaba. Tuve que avisarme ella cuando acabó, porque yo no sentía nada. Me dijo que me limpiase y me dí cuenta de que no me habían circuncidado. Del prepucio colgaba un hilo de moco, lo arranqué y cayó también un pedazo de glande. Tiré hacia atrás del prepucio y vi que el glande se estaba resquebrajando, como una esponja consumida. Recompuse los pedazos como pude y, saliendo, dije a mi madre que debía ir a ver al doctor C. Fuimos inmediatamente, llamé al timbre y vino a abrirnos, brusco y sonriente como de costumbre. Atravesamos habitaciones muy hermosas y después un pequeñísimo jardín donde, en dos chaise-longues, estaban tumbadas la mujer y la hija del doctor C. Miré a la hija, pero no me pareció demasiado guapa. Después pasamos a la consulta y el doctor comenzó a auscultarme con el estetoscopio. Intenté decirle que no estaba enfermo, era sólo mi pene que se descomponía, pero el seguía hablando. Después giré la cabeza y vi que había más gente, y más todavía que estaba llegando. El doctor me dejó, entró por una puerta. Entonces comprendí que el lugar en que me encontraba no era la consulta, sino la entrada de la consulta, y que la camilla sobre la cual estaba tumbado y aquellos pocos muebles de hospital estaban en la esquina de una inmensa plaza que se estaba llenando de gente. Me vestí a toda prisa y salí por un camino lateral, donde dos hombres miraban a los pacientes en espera. Uno dijo, sacudiendo la cabeza:&lt;br /&gt;- Mira ahí... Y pensar que es domingo... Sí, pero el doctor debería abrir la consulta conforme van llegando, no esperar a que se forme esta cola, como en los cines de pueblo que no empezaban la película hasta que la sala estaba llena.&lt;br /&gt;Fui a comer a un restaurante. Me senté en el único sitio libre de una mesa: los otros estaban reservados para una mujer y sus hijos, que de hecho llegaron poco después. En una mesa vecina, ocupada por hombres por lo demás, vi a mi madre y la cosa me pareció natural, como cuando en el cine no se encuentran dos asientos juntos y se sienta uno delante y otro atrás, y se puede ver, pero no es como ver la película juntos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7639345-108988575784455852?l=lacirculaciondelasangre.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108988575784455852'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7639345/posts/default/108988575784455852'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lacirculaciondelasangre.blogspot.com/2004/07/sbado-29-de-mayo-de-1982.html' title='Sábado 29 de Mayo de 1982'/><author><name>Il suo unico figlio</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
